Estados Unidos atacó este sábado tres petroleros iraníes después de que Teherán lanzara misiles balísticos contra dos buques de guerra estadounidenses desplegados en la región del estrecho de Ormuz.
La ofensiva abrió un nuevo capítulo en la escalada entre Washington y Teherán y volvió a colocar al petróleo en el centro de un conflicto que durante los últimos días parecía entrar en una fase de menor intensidad.
Según el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), un portaaviones y un destructor estadounidense lograron evadir los ataques iraníes y ninguno de sus tripulantes resultó herido. Washington respondió golpeando directamente la capacidad petrolera de Irán.
Dos de las embarcaciones atacadas quedaron inutilizadas y una tercera, que navegaba sin carga, fue destruida, de acuerdo con la versión estadounidense.
Golpe directo al petróleo iraní
El Centcom aseguró que los petroleros pertenecían a una red clandestina utilizada para financiar a la Guardia Revolucionaria iraní y sus aliados regionales. Dos de las embarcaciones fueron atacadas cerca de la estratégica isla de Jarg, principal terminal de exportación petrolera iraní, mientras el tercer ataque ocurrió en el golfo de Omán.
El comandante del Centcom, almirante Brad Cooper, advirtió además que Estados Unidos podría continuar golpeando la flota petrolera iraní si considera amenazadas sus fuerzas. Washington convirtió así su respuesta militar en una represalia también económica.
La señal resulta especialmente relevante porque Irán depende fuertemente de sus exportaciones de crudo y Jarg concentraba antes del conflicto alrededor del 90% de sus exportaciones petroleras.
Irán responde
Teherán anunció posteriormente nuevas represalias y aseguró haber atacado embarcaciones vinculadas a Estados Unidos. Las versiones sobre esos ataques todavía deben ser verificadas independientemente.
La Guardia Revolucionaria advirtió que continuará respondiendo si Washington mantiene las acciones contra embarcaciones iraníes y el bloqueo de sus exportaciones.
El intercambio devuelve la tensión directamente al estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del mundo y cuyo control se ha convertido en una de las principales herramientas de presión de Teherán.
Trump había bajado el tono
La nueva escalada se produce apenas un día después de que Donald Trump intentara restar importancia a la magnitud del enfrentamiento con Irán. El conflicto comenzó a fines de febrero con ataques estadounidenses e israelíes y posteriormente se extendió a instalaciones militares, energéticas y rutas marítimas.
Durante los últimos meses, Washington buscó combinar presión militar y económica para obligar a Teherán a modificar su posición. Sin embargo, Irán mantiene capacidad para responder y el estrecho de Ormuz continúa convertido en el principal punto de presión sobre Estados Unidos y sobre la economía internacional.
El nuevo intercambio demuestra que la tregua relativa de las últimas semanas no resolvió el conflicto. Era tanta la confianza de Donald Trump, que había elucubrado con rebautizar el estrecho de Ormuz por estrecho de Trump. De hecho, Trump había anunciado que solo mantendría tropas en Medio Oriente hasta 2027.
El petróleo vuelve a escalar
La consecuencia excede nuevamente a los dos países. La incertidumbre sobre el tránsito por Ormuz y los ataques contra infraestructura y transporte energético volvieron a presionar los mercados. El petróleo Brent alcanzó los US$96,28 por barril, su nivel más alto desde julio.
La evolución del precio resulta particularmente sensible para Estados Unidos, donde el costo de los combustibles constituye además una preocupación económica y política interna.
El problema para Washington es conocido: golpear las exportaciones iraníes aumenta la presión económica sobre Teherán, pero cualquier escalada que reduzca la circulación de petróleo por Ormuz puede simultáneamente elevar los precios internacionales. Estados Unidos intenta así debilitar una de las principales fuentes de financiamiento iraní mientras Irán conserva una herramienta capaz de trasladar parte del costo del conflicto al resto del mundo.
En Ormuz, cada golpe destinado a debilitar al adversario amenaza también con aumentar el costo que termina pagando quien está fuera del campo de batalla.







