La carrera presidencial en Brasil comenzó a trasladar las tensiones entre los poderes del Estado al centro del debate electoral. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, dos de los candidatos mejor posicionados para los comicios de octubre, dirigieron sus cuestionamientos contra instituciones diferentes: el mandatario apuntó al Congreso y el senador intensificó su ofensiva contra el Supremo Tribunal Federal (STF).
LULA PROPONE REFORMAR LAS ENMIENDAS PARLAMENTARIAS
Lula incorporó en el programa presentado ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) una propuesta para modificar el actual sistema de enmiendas parlamentarias, mecanismo mediante el cual los legisladores asignan recursos del presupuesto federal.
El documento oficialista califica este modelo como una distorsión en la elaboración y administración del gasto público. También sostiene que las enmiendas de ejecución obligatoria y el denominado “presupuesto secreto” alteraron la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, dispersaron los recursos y redujeron la eficiencia del Estado.
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La propuesta abre un nuevo foco de tensión con el Congreso, aunque el oficialismo moderó su discurso respecto de los enfrentamientos registrados en 2025. En esa oportunidad, parlamentarios dejaron sin efecto un decreto presidencial relacionado con el Impuesto sobre Operaciones Financieras, lo que provocó duras críticas desde el Gobierno y el Partido de los Trabajadores (PT).
Ahora, la campaña de Lula intenta promover una reforma sin romper completamente los puentes con el Legislativo. Su programa destaca que el Ejecutivo trabajó junto al Congreso durante los últimos cuatro años y plantea que cualquier modificación deberá discutirse institucionalmente.
Éden Valadares, secretario de Comunicación del PT, aseguró que la iniciativa no representa una declaración de guerra contra los parlamentarios. Según explicó, el propósito consiste en abrir un debate público sobre las atribuciones constitucionales de cada poder y transparentar la distribución de los recursos federales.
El programa también condiciona la creación de un Ministerio de Seguridad Pública a la aprobación de una reforma constitucional que permanece detenida en el Senado. Además, propone retomar las conversaciones para eliminar la jornada laboral 6×1, iniciativa respaldada por la Cámara de Diputados, pero sin avances en la cámara alta.
FLÁVIO BOLSONARO CONCENTRA SU OFENSIVA EN EL SUPREMO
En la vereda opuesta, Flávio Bolsonaro convirtió sus cuestionamientos al STF, especialmente al magistrado Alexandre de Moraes, en una de las principales banderas de su campaña.
El senador intensificó sus críticas después de que Moraes rechazara flexibilizar las restricciones de visitas impuestas al expresidente Jair Bolsonaro. La decisión impidió que Flávio visitara a su padre durante el Día del Padre.
El candidato publicó un video en el que leyó una carta dirigida al exmandatario y calificó la resolución judicial como deshumana e injusta. Moraes fundamentó su determinación en incumplimientos anteriores de las medidas cautelares y mantuvo suspendidas las visitas, con excepción de las realizadas por abogados y profesionales de la salud.
Flávio Bolsonaro también anunció que, si llega a la Presidencia, designará ministros del Supremo que respeten la Constitución y el uso de los recursos públicos.
La estrategia bolsonarista incluye fortalecer su presencia en el Senado, cámara facultada para iniciar procesos de juicio político contra integrantes del STF. Con ese objetivo, Flávio tiene previsto reunirse en Brasilia con candidatos senatoriales de derecha.
De esta forma, la competencia presidencial brasileña comienza a estructurarse en torno a dos conflictos institucionales: Lula busca recuperar influencia sobre la distribución del presupuesto, mientras Flávio Bolsonaro intenta transformar el enfrentamiento con el Supremo en una herramienta de movilización electoral.







