Rusia vota bajo el mayor ataque de drones de la historia a su territorio y fuertes dudas sobre el escrutinio.
Rusia cerró este domingo sus elecciones parlamentarias bajo dos certezas muy distintas. La primera llegó desde el cielo, con el mayor ataque de drones registrado contra Moscú desde el comienzo de la guerra; la segunda venía prácticamente anunciada desde antes de abrir las urnas: Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin, volverá a ganar las elecciones.
Un sondeo a boca de urna del estatal Centro de Investigación de la Opinión Pública de Rusia (VCIOM) entregó 49,4% al oficialismo. El Partido Comunista aparece bastante más atrás, con 14,2%, seguido por el nacionalista LDPR, con 10,7%. Los primeros resultados oficiales elevaban incluso la votación de Rusia Unida por sobre aquella estimación.
La elección renueva los 450 integrantes de la Duma y es la primera parlamentaria desde que Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022. Sin embargo, el resultado difícilmente modificará el equilibrio político construido durante los 26 años de Putin en el poder.
Más de 1.600 drones
La última de las tres jornadas electorales comenzó de manera muy distinta a las anteriores. Autoridades rusas informaron que sus defensas interceptaron más de 1.600 drones desde el sábado, unos 450 de ellos dirigidos contra Moscú y su región.
El ataque dejó víctimas fatales, obligó a evacuar a cientos de residentes y alcanzó la Refinería de Petróleo de Moscú. El alcalde Serguéi Sobianin calificó la ofensiva como un ataque “sin precedentes” y acusó a Ucrania de intentar sabotear las elecciones.
Volodimir Zelenski confirmó, por su parte, ataques ucranianos de largo alcance contra instalaciones petroleras y logísticas de la región de Moscú. Según el mandatario, los objetivos contribuyen al financiamiento y sostenimiento de la capacidad militar rusa. Moscú anunció que intensificará sus ataques contra Kiev en respuesta a la ofensiva.
Una elección sin oposición a la guerra
La contundencia del resultado electoral debe observarse también desde las condiciones en que se desarrolló la competencia.
Las principales fuerzas autorizadas para disputar escaños respaldan a Putin y la guerra contra Ucrania en sus aspectos fundamentales. Yábloko, el partido liberal que había pedido terminar el conflicto, no pudo presentar su lista federal después de que el Tribunal Supremo ruso la excluyera de la elección. Algunos de sus candidatos pudieron competir individualmente en determinados distritos.
Putin convirtió además los comicios en una prueba de respaldo a la guerra. Antes de la votación llamó a participar como una demostración de apoyo a las tropas rusas y como respuesta frente a quienes, sostuvo, pretenden debilitar al país. A ello se agregan las elecciones organizadas por Moscú en territorios ucranianos ocupados. Ucrania y la Unión Europea han adelantado que no reconocerán esos resultados.
El voto que los partidos no pueden fiscalizar
Otro elemento introduce dudas sobre la transparencia del proceso: el voto electrónico utilizado en 33 de las 89 entidades federales rusas. Aunque el sistema utiliza tecnología blockchain, los representantes electorales de los partidos no pueden ingresar a él para fiscalizar el proceso. Solo reciben los resultados finales. La plataforma depende de Rostelecom, la principal empresa estatal de telecomunicaciones, mientras Moscú utiliza un sistema propio administrado por una agencia de su ayuntamiento.
La falta de acceso no constituye el único cuestionamiento. Las autoridades nunca han publicado el código fuente completo y antecedentes de elecciones anteriores aumentaron las sospechas sobre el mecanismo. En las parlamentarias de 2021, el escrutinio electrónico demoró casi un día pese a que técnicamente debía completarse en pocos minutos. Cuando finalmente aparecieron esos votos, revirtieron resultados en favor de Rusia Unida en distritos donde candidatos opositores aventajaban al oficialismo.
Expertos que analizaron las presidenciales de 2024 detectaron además patrones estadísticos anómalos en la votación electrónica, incluyendo grandes cantidades de sufragios registrados durante el primer minuto de funcionamiento del sistema, pese a que el procedimiento necesario para emitirlos requería bastante más tiempo.
Ataques también contra el sistema electoral
La Comisión Electoral Central rusa denunció, paralelamente, cerca de mil ataques informáticos contra la infraestructura utilizada durante estos comicios. Su presidenta, Ella Pamfilova, habló de grupos “altamente profesionales y bien coordinados” y aseguró que emplearon herramientas de inteligencia artificial, aunque no atribuyó formalmente la responsabilidad a Ucrania. También se reportaron interrupciones de comunicaciones en zonas del extremo oriental ruso.
Ese contexto obliga a separar dos cuestiones. Los ataques contra infraestructura electoral pueden constituir intentos externos de alterar o entorpecer una elección. Pero su existencia no despeja las dudas internas sobre un sistema electrónico que quienes compiten contra el oficialismo tampoco pueden auditar.
Rusia Unida vuelve a ganar
La victoria oficialista, en cualquier caso, difícilmente estaba en duda. Rusia Unida ha ganado todas las elecciones parlamentarias celebradas desde 2003 y controla ampliamente la actual Duma. La incógnita está en la magnitud definitiva de esa victoria.
El propio director de VCIOM, Valeri Fédorov, anticipó que Rusia Unida probablemente terminará por encima del 49,4% proyectado a boca de urna. Su explicación resulta especialmente interesante: aquella medición no incorpora el voto electrónico ni los sufragios de militares movilizados, dos componentes que, según estima, favorecerán todavía más al oficialismo.
Mientras los votos terminaban de contarse, los drones seguían cayendo y Rusia anunciaba represalias contra Kiev. La guerra marcó así hasta el último día de unas elecciones que Putin presentó como una demostración de respaldo a su conducción.
Rusia Unida volverá a controlar la Duma. La pregunta pendiente no parece ser quién ganó, sino cuánto puede decir realmente esta elección sobre lo que piensan los rusos.







