Trump culpa a Ucrania por crisis energética que golpea a EE.UU. a menos de un mes de las elecciones demedio término.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, responsabilizó este sábado a Ucrania por el aumento mundial de los precios del combustible y pidió reemplazar a su mandatario, Volodímir Zelenski. Sus declaraciones se producen mientras Washington intenta contener una crisis energética agravada por la guerra contra Irán, iniciada en febrero por Estados Unidos e Israel.
La ofensiva verbal llega a solo 24 días de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. El encarecimiento del diésel golpea a agricultores, transportistas y consumidores estadounidenses, mientras la administración republicana busca contener sus consecuencias económicas y políticas.
Trump atribuyó el problema a los ataques ucranianos contra las refinerías rusas. Sin embargo, su explicación deja en segundo plano el impacto de las operaciones militares estadounidenses en Oriente Medio y las alteraciones del suministro petrolero internacional.
De Irán a Ucrania: el costo del combustible
La guerra contra Irán ha provocado importantes perturbaciones en el mercado energético mundial. Las restricciones al tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas petroleras del planeta, han reducido la disponibilidad de crudo y presionado los precios internacionales.
En Estados Unidos, el diésel alcanzó el 22 de septiembre un promedio récord de 6,52 dólares por galón. Aunque posteriormente retrocedió, este viernes todavía se situaba en 6,28 dólares, según los registros de la asociación automovilística AAA.
El problema trasciende el precio que pagan los conductores. El diésel mueve camiones, maquinaria agrícola y buena parte de las cadenas de distribución. Su encarecimiento aumenta los costos de producción y transporte, con efectos que pueden trasladarse a los precios de los alimentos y otros productos.
Los ataques de Ucrania contra instalaciones petroleras rusas también han contribuido a restringir la oferta internacional. Moscú respondió limitando sus exportaciones de diésel, lo que añadió presión a un mercado ya afectado por el conflicto iraní.
Ambos factores intervienen en la crisis, pero tienen orígenes diferentes. Mientras Ucrania intenta debilitar la capacidad económica y militar del país que la invadió, Estados Unidos participa directamente en la guerra que ha alterado el suministro energético de Oriente Medio.
Trump negocia con Putin y presiona a Zelenski
El viernes, Trump anunció un acuerdo con Vladímir Putin para facilitar el suministro de diésel ruso a Estados Unidos y otros mercados. El entendimiento contempla una entrega inicial superior a 300.000 toneladas, seguida de nuevos envíos durante noviembre.
La decisión representa un cambio significativo respecto de las sanciones estadounidenses destinadas a restringir los ingresos energéticos de Moscú. Washington autorizó temporalmente operaciones con diésel ruso, pese a que esos recursos constituyen una fuente de financiamiento para la economía de Rusia durante la guerra.
Zelenski cuestionó el acuerdo y lo calificó de injusto e impropio de un aliado. La respuesta de Trump llegó este sábado, cuando responsabilizó al mandatario ucraniano por los ataques a las refinerías rusas y sostuvo que Ucrania debería buscar un nuevo presidente capaz de negociar con Moscú.
La tensión tiene otro antecedente. Según informó Axios, Zelenski había ofrecido detener los ataques a las refinerías si Rusia suspendía sus bombardeos contra las centrales eléctricas ucranianas. La administración estadounidense, en cambio, pretendía que Kiev cesara unilateralmente sus operaciones.
Así, la necesidad de aliviar los precios del combustible comienza a incidir directamente en las negociaciones sobre una guerra cuyo origen y objetivos son distintos de la crisis energética estadounidense.
Las elecciones aumentan la presión
El calendario político agrega una dimensión decisiva. El próximo 3 de noviembre, los estadounidenses renovarán la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, en unos comicios que definirán el equilibrio de fuerzas del Congreso durante los últimos dos años del actual mandato presidencial.
El precio de los combustibles constituye un problema particularmente sensible para el Gobierno. Sus efectos alcanzan a sectores productivos y consumidores, mientras la Casa Blanca intenta presentar medidas capaces de ofrecer alivio económico antes de las votaciones.
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En ese contexto, Trump ha impulsado distintas iniciativas destinadas a contener los costos energéticos. El acuerdo con Putin se inscribe en esa secuencia, aunque todavía existen dudas sobre su capacidad para reducir los precios antes de los comicios.
La proximidad electoral permite interpretar las declaraciones contra Zelenski como parte de un esfuerzo por desplazar la atención hacia factores externos. Sin embargo, no existen antecedentes suficientes para establecer que esa sea una estrategia deliberada del mandatario.
Una crisis con responsabilidades compartidas
La controversia deja al descubierto una tensión en la política exterior estadounidense. Washington busca abaratar el combustible mediante un acuerdo con Rusia, mientras exige a Ucrania limitar ataques contra instalaciones que contribuyen a financiar el esfuerzo bélico de Moscú. Al mismo tiempo, la administración Trump enfrenta las consecuencias económicas de su propia intervención militar en Oriente Medio, uno de los factores que explican el encarecimiento internacional de la energía.
La responsabilidad por el aumento de los precios no puede atribuirse exclusivamente a Ucrania. Tampoco corresponde desconocer el efecto de sus operaciones contra las refinerías rusas. Ambos conflictos han contribuido a restringir la oferta, aunque por razones diferentes.
Lo que sí resulta evidente es que la crisis energética ya dejó de ser únicamente un problema de abastecimiento. Sus consecuencias económicas están influyendo en las decisiones diplomáticas de Washington y se han convertido en un asunto central de la política interna estadounidense.
A menos de un mes de las elecciones, Trump necesita ofrecer respuestas a los consumidores. La incógnita es cuánto puede modificar su política hacia Rusia y Ucrania para conseguirlo, mientras las consecuencias de la guerra contra Irán continúan presionando los precios del combustible.







