«El canciller no llegará con toda seguridad a final de año», vaticinaron los líderes de la ultraderecha alemana respecto del conservador Friedrich Merz tras sus reveses electorales.
El domingo la colectividad ganó las elecciones regionales en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, en contraste con la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que solo obtuvo el 4,9% de los votos. Eso está por debajo del umbral necesario para seguir en el parlamento, el peor resultado desde la fundación del partido, en 1945.
De todos modos el Partido Socialdemócrata (SPD), de centroizquierda, podría seguir gobernando en ese estado si logra formar una coalición con sus aliados.
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Leif-Erik Holm, el principal candidato de la AfD en este estado en la costa del mar Báltico, afirmo que «creo que el ocaso del canciller ha comenzado».
Por su parte la copresidenta del partido, Alice Weidel, recalcó que «hemos reemplazado a la CDU como partido del pueblo».
EL DECLIVE DE MERZ
Merz lleva 16 meses en el cargo y su popularidad se ha desplomado. Su partido ha sufrido varias derrotas en elecciones regionales frente a la AfD, que también encabeza los sondeos a escala nacional.
Ante las especulaciones de que su partido podría intentar destituirlo, el jefe de gobierno lanzó un inusual mensaje a la nación el domingo en televisión, apenas unos minutos después de que se anunciaran los primeros sondeos a pie de urna.
Merz reconoció que la CDU había sufrido un «desastre» en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, que se suma a la derrota de su partido en Berlín. En la capital, el partido de extrema izquierda Die Linke (25%) se impuso a la CDU (20%) y está en condiciones de arrebatarle la alcaldía.
La AfD también avanzó con fuerza, con alrededor del 15%. Estas dos derrotas se suman a la del 6 de septiembre frente a la AfD en otra región del este, Sajonia-Anhalt, que ya había desatado una oleada de especulaciones sobre la salida anticipada del canciller.
La ultraderecha alemana obtuvo en ese estado de la antigua zona comunista una victoria aplastante, a solo tres escaños de la mayoría absoluta, aunque todavía no encuentra respaldos para formar su primer gobierno regional.
«HACEN FALTA CAMBIOS»
«La confianza en las instituciones de nuestro país está disminuyendo» y está siendo «activamente socavada por partidos radicales tanto de izquierdas como de derechas», aseguró Merz en televisión. Añadió que «lo que hay que hacer ahora requiere determinación, firmeza y paciencia».
«Lo demostraré como presidente de la CDU y, sobre todo, como canciller de nuestro país», insistió.
El conservador gobierna en alianza con los socialdemócratas, que por ahora le mantienen el apoyo. Sin embargo, Lars Klingbeil, dirigente del SPD y ministro de Finanzas, puntualizó que «seguimos comprometidos con esta coalición, pero no podemos continuar como en estos últimos meses. Hacen falta cambios».
Recalcó también que «ir de cabeza contra el muro, explicando que basta con ser aún más estrictos en lo que hemos hecho hasta ahora y que la gente acabará por entender, eso no va a funcionar».
POSIBLES SUCESORES
La situación de Merz es, al menos, compleja. Lleva semanas tratando de desmentir los rumores de que podría ser destituido por sus propias filas y canceló el viaje previsto a Nueva York esta semana para asistir a la Asamblea General de la ONU. Entre sus posibles sucesores figuran Hendrik Wüst, jefe del Gobierno regional de Renania del Norte-Westfalia, y Markus Söder, jefe del Gobierno regional de Baviera y líder de la CSU, el partido hermano regional de la CDU.
De todos modos, hasta el momento ningún aspirante se ha manifestado abiertamente por esa alternativa.
Cuando Merz asumió el cargo en mayo del año pasado, prometió reactivar una economía debilitada, reconstruir las fuerzas armadas para disuadir a Rusia y reducir la inmigración irregular para aliviar los temores de los votantes y atraerlos hacia la CDU frente a la AfD.
Sin embargo, ahora la ultraderecha alemana de la AfD encabeza ahora los sondeos nacionales y la valoración personal del canciller apenas supera el 10%.







