Un adulto mayor de 85 años falleció este domingo tras caer desde el piso 11 de un edificio residencial ubicado en Sazié con Almirante Latorre, en Santiago Centro.
Hasta el lugar llegaron equipos policiales para realizar las primeras diligencias y, posteriormente, la Policía de Investigaciones confirmó que se trató de un suicidio.
El hecho vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchas veces permanece en silencio: la salud mental de las personas mayores también necesita atención, acompañamiento y, sobre todo, escucha.
Hablar de suicidio no significa solamente informar sobre una muerte. También implica preguntarnos qué puede llevar a una persona a sentir que no existen alternativas, qué señales pueden aparecer antes de una crisis y cómo familiares, amigos, vecinos y la comunidad pueden intervenir para que alguien no tenga que enfrentar ese dolor en soledad.
¿POR QUÉ UNA PERSONA PUEDE LLEGAR A PENSAR EN SUICIDARSE?
No existe una única razón que explique por qué una persona decide quitarse la vida. La conducta suicida es compleja y puede aparecer cuando distintos factores de sufrimiento se acumulan y la persona siente que ya no puede continuar.
En el caso de los adultos mayores, existen situaciones que pueden afectar profundamente su bienestar emocional: la soledad, el fallecimiento de la pareja o de amigos, enfermedades, dolor crónico, pérdida de autonomía, dificultades económicas, aislamiento social, cambios en la vida cotidiana o la sensación de haber perdido un propósito.
Pero envejecer no significa necesariamente sentirse solo ni querer morir. Por eso es importante evitar explicaciones simples o asumir que una persona está deprimida únicamente por su edad.
Muchas veces, detrás de un adulto mayor que deja de salir, que ya no quiere conversar, que abandona actividades que antes disfrutaba o que comienza a decir que “ya no sirve para nada”, puede existir un sufrimiento que necesita ser escuchado.
Y escuchar puede marcar una diferencia.
LAS PERSONAS MAYORES TAMBIÉN PUEDEN PEDIR AYUDA
Durante años, la salud mental de los adultos mayores ha quedado en segundo plano frente a otros problemas asociados al envejecimiento.
Sin embargo, la salud mental forma parte de la salud integral en cualquier etapa de la vida.
Una persona mayor puede atravesar una depresión, ansiedad, un duelo complicado o una crisis emocional y necesitar exactamente lo mismo que cualquier otra persona: que alguien la tome en serio, que pueda hablar sin sentirse juzgada y que tenga acceso a profesionales.
A veces, la ayuda puede comenzar con algo tan sencillo como sentarse a conversar.
Preguntar cómo está. Acompañarla a una consulta médica. Invitarla a salir. Llamarla regularmente. Ayudarla a mantener sus vínculos. Preguntarle qué necesita.
No se trata de solucionar todos sus problemas, sino de hacerle saber que no está sola y que su vida sigue teniendo valor.
¿CÓMO SABER SI ALGUIEN ESTÁ SUFRIENDO?
No todas las personas que atraviesan una crisis manifiestan lo que sienten de la misma manera. Algunas pueden hablar directamente de la muerte, mientras que otras pueden mostrar cambios más silenciosos.
Entre las señales a las que familiares y cercanos deberían prestar atención están:
Aislarse repentinamente de familiares y amigos.
Dejar de realizar actividades que antes disfrutaba.
Mostrar una tristeza o desesperanza persistente.
Expresar que es una carga para los demás.
Hablar frecuentemente sobre la muerte o sobre no querer seguir viviendo.
Regalar objetos importantes o despedirse de personas cercanas de una manera inusual.
Presentar cambios importantes en sus hábitos, alimentación o sueño.
Descuidar de manera repentina su higiene o actividades cotidianas.
Manifestar que no encuentra sentido o propósito en su vida.
Una señal aislada no significa necesariamente que exista riesgo suicida, pero un cambio importante en el comportamiento de una persona que queremos sí merece atención.
PREGUNTAR NO «LE METE IDEAS» EN LA CABEZA
Uno de los mitos más comunes es pensar que preguntar a alguien si ha pensado en suicidarse puede provocar que comience a considerarlo.
No es así.
Si una persona nos preocupa, podemos preguntarle directamente cómo se siente y, si existe una razón para hacerlo, preguntarle si ha pensado en morir o hacerse daño.
Puede ser una conversación incómoda, pero muchas veces es mejor preguntar que guardar silencio por miedo a equivocarse.
Frases como “¿estás pensando en hacerte daño?”, “¿has pensado que no quieres seguir viviendo?” o simplemente “te noto diferente, ¿quieres contarme qué te pasa?” pueden abrir una puerta.
Y si la respuesta es afirmativa, no hay que minimizarla.
No sirve decirle “tienes que ser fuerte”, “hay personas que están peor” o “piensa en tu familia”. Una persona que está atravesando una crisis necesita que su dolor sea escuchado, no que se le haga sentir culpable por experimentarlo.
¿QUÉ HACER SI UNA PERSONA DICE QUE QUIERE MORIR?
Lo primero es tomar sus palabras en serio.
Si existe un riesgo inmediato, la persona no debería quedar sola. También es importante buscar apoyo de familiares o personas de confianza y solicitar ayuda profesional.
Si existe acceso a medicamentos, armas u otros elementos que puedan utilizarse para provocar daño, es recomendable reducir ese acceso mientras llega ayuda, siempre procurando hacerlo de manera segura.
Y si existe peligro inminente, corresponde acudir directamente a un servicio de urgencia.
La persona no necesita tener todas las respuestas en ese momento. Necesita llegar acompañada hasta quienes puedan ayudarla.
¿DÓNDE PEDIR AYUDA EN CHILE?
En Chile existen distintos canales a los que una persona puede recurrir si atraviesa una crisis de salud mental o si un familiar está preocupado por alguien.
*4141 — Línea de Prevención del Suicidio: entrega apoyo a personas que atraviesan una crisis relacionada con pensamientos o riesgo suicida.
Salud Responde: 600 360 7777: permite recibir orientación de profesionales de salud y funciona las 24 horas.
Fono Mayor: 800 400 035: entrega orientación especialmente dirigida a personas mayores.
También es posible acudir al CESFAM correspondiente, donde pueden orientar sobre las alternativas de atención en salud mental disponibles en la red pública.
Y frente a una emergencia o riesgo inmediato, se debe acudir a un servicio de urgencia.
A VECES LA AYUDA COMIENZA MUCHO ANTES DE UNA CRISIS
Prevenir el suicidio no significa únicamente actuar cuando alguien dice que quiere morir.
También significa acompañar antes.
Visitar a nuestros padres, abuelos, tíos o vecinos mayores. Llamarlos. Preguntarles cómo están. Ayudarlos a mantener sus actividades. Preocuparnos cuando dejan de hacer cosas que antes disfrutaban. Acompañarlos cuando atraviesan un duelo. Incentivarlos a consultar cuando algo no anda bien.
La soledad puede ser silenciosa. Y precisamente por eso puede pasar inadvertida.
Un adulto mayor puede vivir rodeado de personas y, aun así, sentirse completamente solo.
Por eso, detrás de una pregunta aparentemente sencilla como “¿cómo estás?”, puede existir una oportunidad para detectar que algo no anda bien.
HABLAR TAMBIÉN ES UNA FORMA DE CUIDAR
La muerte de este hombre de 85 años en Santiago Centro deja una tragedia para su familia y cercanos, pero también una oportunidad para recordar algo fundamental: el sufrimiento emocional no tiene edad y pedir ayuda tampoco debería tenerla.
No siempre podremos saber lo que otra persona está viviendo. Tampoco podemos responsabilizarnos individualmente por evitar cada suicidio.
Pero sí podemos aprender a mirar.
Podemos preguntar.
Podemos escuchar.
Podemos acompañar.
Y, cuando sea necesario, podemos buscar ayuda profesional.
Porque decir “necesito ayuda” no es una señal de debilidad. Y decirle a alguien “estoy aquí contigo, busquemos ayuda” puede ser uno de los gestos más importantes que podamos tener.
Si tú o alguien cercano está atravesando una crisis, no lo enfrentes en soledad. Busca ayuda y permanece acompañado.







