Nacional y economía

Chile se prepara para un verano extremo bajo la influencia de El Niño

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Foto: Flickr

Las proyecciones climáticas advierten sobre un fenómeno de El Niño que podría alcanzar una intensidad muy fuerte y prolongarse hasta comienzos de 2027, eso quiere decir durante todo el verano.

Altas temperaturas, precipitaciones por sobre lo normal en sectores del país y posibles eventos meteorológicos severos refuerzan la necesidad de anticipar riesgos y fortalecer las medidas de prevención.

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Chile se encamina hacia el verano 2026-2027 en un escenario climático que mantiene en alerta a los organismos meteorológicos internacionales. El fortalecimiento del fenómeno de El Niño podría modificar los patrones habituales de temperatura y precipitaciones durante los próximos meses, lo que plantea nuevos desafíos para la preparación de las autoridades y la protección de las comunidades.

De acuerdo con la actualización publicada el 3 de septiembre por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), El Niño se encuentra consolidado y las proyecciones apuntan a que alcanzará una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. El organismo también estimó una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027.

Aunque este pronóstico ha puesto el foco sobre la posibilidad de un episodio excepcional, sus consecuencias no serán necesariamente iguales en todo el territorio nacional. La distribución de las precipitaciones, las temperaturas y los eventos extremos dependerá de la evolución de las condiciones atmosféricas y oceánicas, además de las características geográficas de cada región.

Por eso, el desafío para Chile no consiste únicamente en prepararse para las altas temperaturas. También implica anticipar posibles inundaciones, tormentas eléctricas, precipitaciones estivales en sectores cordilleranos, deslizamientos de tierra y aluviones, sin descuidar la prevención de incendios forestales y los efectos del calor sobre la salud.

TEMPERATURAS SOBRE LO NORMAL Y UN ESCENARIO QUE EXIGE PREPARACIÓN PARA EL VERANO

El pronóstico estacional de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) para octubre, noviembre y diciembre de 2026 proyecta temperaturas máximas sobre lo normal desde la Región de Arica y Parinacota hasta el litoral de Valparaíso. En cuanto a las precipitaciones, se anticipan condiciones sobre lo normal en sectores comprendidos entre parte de Coquimbo y Los Ríos, mientras que otras zonas presentarían condiciones más secas.

Estas proyecciones entregan una primera aproximación a las condiciones que podrían predominar durante la primavera y el inicio del verano. Sin embargo, no permiten establecer con certeza cuántas olas de calor habrá, qué temperaturas máximas se registrarán en cada ciudad ni cuándo ocurrirán eventuales episodios de precipitaciones intensas.

La distinción es importante porque un pronóstico estacional describe tendencias generales, mientras que los avisos meteorológicos permiten advertir sobre eventos específicos con un horizonte más acotado.

En este contexto, las autoridades deberán mantener una vigilancia permanente de las condiciones atmosféricas y comunicar oportunamente cualquier cambio que represente un riesgo para la población.

Las altas temperaturas de este verano pueden tener consecuencias directas sobre la salud, especialmente cuando se mantienen durante varios días y dificultan el descanso nocturno. La deshidratación, el agotamiento por calor y los golpes de calor son algunos de los riesgos asociados a la exposición prolongada, con especial preocupación por niños, personas mayores, personas con enfermedades crónicas y quienes trabajan al aire libre.

A esto se suma el impacto que puede tener el calor sobre la disponibilidad de agua, la actividad agrícola, la demanda eléctrica y las condiciones que favorecen la propagación de incendios forestales.

¿QUÉ SIGNIFICA UN «SÚPER NIÑO» PARA CHILE?

El fenómeno de El Niño forma parte del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), relacionado con cambios en la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial y en la circulación atmosférica.

Durante sus fases cálidas, las variaciones en las temperaturas oceánicas pueden alterar los patrones de lluvia y calor en distintas partes del mundo. Cuando el episodio adquiere gran intensidad, sus efectos potenciales pueden ser más pronunciados, aunque no se manifiestan de la misma manera en todas las regiones.

La OMM advirtió en septiembre que el fortalecimiento de El Niño podría aumentar los riesgos asociados a las inundaciones, las sequías y el calor extremo en distintas zonas del planeta.

En Chile, la relación entre El Niño y las precipitaciones es particularmente relevante para la zona central, donde históricamente el fenómeno se ha asociado con una mayor probabilidad de lluvias. Sin embargo, esa relación no permite afirmar que todas las regiones tendrán un verano lluvioso ni que necesariamente se producirán temporales severos.

El comportamiento de las precipitaciones estivales también presenta diferencias entre el norte, la zona central y el sur del país. En el norte, por ejemplo, las lluvias vinculadas al invierno altiplánico pueden generar riesgos específicos en sectores cordilleranos, mientras que en otras zonas la principal preocupación puede estar relacionada con el calor y la sequedad.

Por ello, utilizar la expresión «súper Niño» no debe confundirse con una predicción de que todos los fenómenos meteorológicos serán extremos. La intensidad del evento oceánico y la ocurrencia concreta de una tormenta, una inundación o una ola de calor son cuestiones distintas.

La información disponible sí justifica reforzar la vigilancia, actualizar los planes de emergencia y preparar a la población para escenarios meteorológicos variables.

LLUVIAS INTENSAS, INUNDACIONES Y ALUVIONES: LOS RIESGOS DEL VERANO

Aunque el verano suele asociarse con días soleados y temperaturas elevadas, algunas zonas de Chile pueden experimentar precipitaciones intensas durante esta temporada. En sectores cordilleranos y precordilleranos, las lluvias pueden provocar crecidas repentinas de quebradas y cursos de agua, deslizamientos de tierra y aluviones.

Estos fenómenos pueden desarrollarse rápidamente y afectar viviendas, caminos, puentes e infraestructura, especialmente en sectores expuestos a pendientes pronunciadas o con antecedentes de emergencias similares.

Senapred advierte que existen señales que pueden alertar sobre la posibilidad de un aluvión, entre ellas las lluvias intensas y persistentes, el aumento de la turbiedad del agua, los cambios repentinos en el caudal de un río o quebrada y los ruidos fuertes provenientes de los cauces.

Ante este tipo de amenazas, las personas deben evitar permanecer en quebradas, cauces, desembocaduras y sectores bajos que puedan convertirse en vías de escurrimiento. Si las autoridades ordenan evacuar, es fundamental dirigirse a los puntos de encuentro establecidos y no regresar hasta que se confirme que es seguro hacerlo.

En caso de que un aluvión se aproxime y no exista una ruta de evacuación segura, Senapred recomienda buscar zonas elevadas. Si una persona conduce y encuentra un sector afectado, debe evitar cruzarlo y alejarse del lugar.

Las inundaciones urbanas también requieren atención. Las precipitaciones intensas en periodos breves pueden sobrepasar la capacidad de los sistemas de evacuación de aguas lluvias, generar anegamientos y dificultar el desplazamiento de vehículos y peatones.

Por esta razón, la limpieza y mantención de colectores, canaletas y sumideros, junto con la identificación de sectores históricamente afectados, constituyen medidas preventivas relevantes para los municipios y los organismos responsables de la infraestructura.

TORMENTAS ELÉCTRICAS Y GRANIZO: CÓMO REDUCIR LOS RIESGOS

Las tormentas eléctricas representan otro peligro que no debe subestimarse, especialmente cuando se desarrollan en sectores abiertos, cordilleranos o alejados de zonas urbanas.

Estos eventos pueden presentarse acompañados de granizo, fuertes rachas de viento y precipitaciones intensas. Además, pueden poner en riesgo a quienes realizan actividades recreativas al aire libre, excursiones o trabajos agrícolas.

Senapred recomienda buscar refugio en una edificación sólida y evitar permanecer en espacios abiertos durante una tormenta eléctrica. También aconseja mantenerse alejado de árboles aislados, postes, antenas, cercas metálicas y cursos de agua, además de suspender las actividades en piscinas, lagos y el mar mientras persista el peligro.

Si la tormenta sorprende a una persona en la montaña, lo más seguro es seguir las instrucciones de los equipos de emergencia y evitar continuar una excursión hacia zonas expuestas. Quienes se encuentren dentro de un vehículo deben permanecer en su interior, con las ventanas cerradas, hasta que las condiciones permitan desplazarse con seguridad.

En los hogares, también es conveniente asegurar objetos que puedan caer o ser desplazados por el viento, revisar el estado de techumbres y mantener linternas y baterías disponibles ante eventuales cortes de suministro eléctrico.

La prevención es especialmente importante en zonas rurales, donde las distancias, el estado de los caminos y las dificultades de comunicación pueden retrasar la llegada de los equipos de emergencia.

CALOR EXTREMO: RECOMENDACIONES PARA PROTEGER A LA POBLACIÓN

Frente a la posibilidad de temperaturas elevadas, la principal recomendación es reducir la exposición al calor durante las horas de mayor temperatura y mantener una hidratación adecuada durante el día.

Senapred aconseja utilizar ropa ligera, buscar espacios frescos, evitar la actividad física intensa durante las horas más calurosas y protegerse del sol. Estas medidas deben complementarse con la atención a las señales de agotamiento por calor y la búsqueda de ayuda médica cuando existan síntomas preocupantes.

Las familias también deben prestar especial atención a las personas que viven solas o que pueden tener dificultades para acceder a agua, ventilación o lugares frescos.

En el caso de los niños, se debe evitar la exposición prolongada al sol y nunca dejarlos dentro de un vehículo estacionado. La temperatura en el interior puede aumentar rápidamente, incluso cuando el automóvil permanece a la sombra.

Para quienes trabajan en la construcción, la agricultura, el transporte o en otras actividades al aire libre, las medidas preventivas deben considerar pausas, acceso a agua potable, condiciones de sombra y una organización del trabajo que reduzca la exposición durante los periodos más calurosos.

La prevención también debe incorporar los efectos del calor sobre las mascotas y otros animales, que necesitan acceso permanente a agua fresca y lugares protegidos del sol.

INCENDIOS FORESTALES Y FALTA DE AGUA: OTRAS AMENAZAS QUE DEBEN VIGILARSE

Las altas temperaturas y los periodos de sequedad pueden contribuir a generar condiciones favorables para la propagación de incendios forestales. Sin embargo, el riesgo efectivo depende también de factores como la humedad, el viento, la vegetación disponible y las actividades humanas.

Por ello, resulta fundamental evitar las quemas no autorizadas, no arrojar colillas encendidas, no dejar fogatas sin supervisión y comunicar oportunamente la presencia de humo o fuego a los organismos correspondientes.

La preparación también debe considerar la disponibilidad de agua para consumo humano y las necesidades de las comunidades rurales. Las variaciones en las precipitaciones pueden afectar las reservas hídricas y la actividad agrícola, aunque la magnitud de esos efectos dependerá de las condiciones que finalmente se registren.

En este escenario, las autoridades deben mantener una evaluación permanente de las necesidades de abastecimiento, especialmente en localidades que presentan dificultades históricas de acceso al agua.

¿QUÉ DEBE HACER EL GOBIERNO ANTE ESTE ESCENARIO?

La preparación frente a los fenómenos meteorológicos no puede limitarse a las recomendaciones individuales. También exige una respuesta coordinada entre el Gobierno, Senapred, la Dirección Meteorológica de Chile, los municipios y los organismos responsables de salud, infraestructura, agricultura y protección ambiental.

Uno de los puntos centrales es la identificación anticipada de las zonas que podrían resultar más afectadas por inundaciones, aluviones, incendios y temperaturas extremas. Para ello, resulta relevante mantener actualizados los mapas de riesgo y los registros de infraestructura vulnerable, además de considerar las condiciones particulares de cada territorio.

Otro aspecto fundamental es el funcionamiento de los sistemas de alerta temprana. La información debe llegar oportunamente a las comunidades y explicar de manera clara qué está ocurriendo, qué sectores están en riesgo y qué acciones se deben adoptar.

ORGANIZACIÓN

También es necesario reforzar los mecanismos de coordinación entre los organismos de emergencia, los centros de salud, los municipios y los servicios encargados de mantener los caminos y la infraestructura crítica.

Entre las medidas preventivas que corresponde evaluar se encuentran:

Mantención de infraestructura: revisar sistemas de evacuación de aguas lluvias, colectores, canales, puentes y caminos que puedan verse afectados por precipitaciones intensas.

Preparación de equipos de emergencia: disponer de recursos humanos y materiales para responder ante inundaciones, incendios forestales, aluviones y otros eventos que puedan ocurrir simultáneamente.

Información territorial: entregar recomendaciones específicas para cada región, considerando las amenazas más probables y las características de las comunidades.

Protección ante el calor: fortalecer las campañas de prevención y evaluar medidas de apoyo para personas mayores, personas con discapacidad, niños y trabajadores expuestos a altas temperaturas.

Planes de evacuación: informar sobre rutas seguras, puntos de encuentro y procedimientos de actuación en sectores con riesgo de inundación o aluvión.

Coordinación interinstitucional: asegurar que los organismos responsables compartan información actualizada y mantengan protocolos de respuesta compatibles.

Estas acciones deben acompañarse de una comunicación pública transparente, que permita distinguir entre las proyecciones generales, los avisos meteorológicos y las alertas oficiales para cada territorio.

El objetivo no es generar alarma, sino disminuir la exposición de las personas y evitar que una amenaza conocida termine convirtiéndose en una emergencia de mayor magnitud.

LA PREVENCIÓN TAMBIÉN COMIENZA EN LOS HOGARES

La preparación familiar es otra pieza importante frente a un verano con posibles contrastes meteorológicos.

Revisar techumbres, limpiar canaletas, asegurar objetos que puedan ser desplazados por el viento y mantener despejadas las salidas de la vivienda son acciones sencillas que pueden ayudar a reducir algunos riesgos.

También se recomienda preparar un kit de emergencia con agua, alimentos no perecibles, linterna, radio a pilas o batería, medicamentos esenciales, documentos importantes y elementos necesarios para niños, personas mayores o mascotas.

Cada familia debería contar, además, con una forma de comunicarse en caso de cortes de electricidad o interrupciones de las redes telefónicas. Definir un punto de encuentro y conocer las rutas de evacuación de la zona puede facilitar la respuesta ante una emergencia.

En los sectores próximos a ríos, quebradas o laderas, es especialmente importante conocer las señales de peligro y seguir las instrucciones de las autoridades. No se debe intentar cruzar calles inundadas ni caminar por cauces para comprobar su profundidad.

La información debe consultarse en fuentes oficiales, como la Dirección Meteorológica de Chile y Senapred, especialmente cuando existan avisos por tormentas, precipitaciones intensas o calor extremo.

UN VERANO QUE EXIGE ANTICIPACIÓN, NO ALARMA

Las proyecciones internacionales muestran que El Niño podría mantenerse con gran intensidad hasta comienzos de 2027, mientras que los antecedentes meteorológicos para Chile advierten sobre temperaturas y precipitaciones que podrían presentar diferencias importantes entre regiones.

Sin embargo, todavía es necesario distinguir entre las tendencias climáticas y los eventos concretos que puedan desarrollarse durante el verano. La presencia de El Niño no significa que todo el país vaya a enfrentar simultáneamente olas de calor, lluvias intensas o tormentas severas.

Lo que sí plantea este escenario es la necesidad de fortalecer la prevención, mantener actualizados los sistemas de información y asegurar que las instituciones estén preparadas para responder oportunamente ante emergencias.

La experiencia de eventos meteorológicos anteriores demuestra la importancia de conocer los riesgos del territorio, mantener una infraestructura adecuada y garantizar que las alertas lleguen a tiempo a quienes necesitan actuar.

De cara al verano 2026-2027, el desafío para Chile será transformar los pronósticos en medidas concretas de preparación. Porque, frente a un clima cambiante, anticiparse a los riesgos puede marcar la diferencia entre una comunidad expuesta y una que cuenta con herramientas para protegerse.

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