El gobierno prometió anticipación incluso semanas antes de esta crisis climática, pero más allá de las promesas, persisten los cortes y comienzan los reclamos. La Moneda enfrentó el sistema frontal con una estrategia basada en la anticipación. Durante los días previos decretó alertas, reunió al Comité para la Gestión del Riesgo de Desastres (Cogrid) y aseguró que los organismos públicos y las empresas de servicios básicos estaban preparados para responder a la emergencia.
El propio presidente José Antonio Kast afirmó que el objetivo era adelantarse a los efectos del temporal. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, reiteró que existía coordinación permanente con las empresas eléctricas y sanitarias. El mensaje oficial fue que el Estado llegaría mejor preparado que en episodios anteriores. Qué decir de la ministra Ximena Rincón que afirmó que estaba todo controlado y los cortes serían breves.
Los resultados abren cuestionamientos
La evolución de la emergencia abrió un escenario distinto. Decenas de miles de clientes permanecen sin suministro eléctrico en distintas regiones y sectores de la Región de Valparaíso y de la Región Metropolitana superan las 24 horas sin servicio, situación que ha provocado manifestaciones de vecinos y reclamos por la lentitud de la reposición.
De acuerdo con los últimos informes oficiales de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) tras el reciente sistema frontal que ha afectado al país, los cortes de suministro se han ido reduciendo de manera muy paulatina desde el peak de la emergencia (que superó los 500.000 clientes afectados). Y ya han pasado más de 3 días desde el inicio del sistema frontal. Y viene más.
En la Región de Coquimbo, además, las autoridades evaluaron y posteriormente iniciaron cortes preventivos de agua potable debido a la alta turbiedad del río Elqui. La medida afectó a una parte importante de los usuarios de La Serena y Coquimbo, en medio del avance del sistema frontal.
Las respuestas siguen sin plazos
Durante las últimas jornadas la ministra de Obras Públicas, Ximena Rincón, y otras autoridades han informado sobre reuniones de coordinación, monitoreo permanente y trabajos en terreno. Sin embargo, las vocerías no han entregado un plazo preciso para restablecer completamente los servicios en las zonas más afectadas.
En Atacama, por ejemplo, equipos y maquinarias trabajan para despejar las rutas que mantienen aisladas algunas localidades. Sin embargo, el subsecretario Pavez reconoció que todavía no existe una estimación de tiempo para restablecer completamente la conectividad. Por su parte la ministra Rincón señala que se prevé que la reposición será más lenta por seguridad de las cuadrillas. Incluso destacó que solo el 7% (555.556 hogares) estuvieran sin luz, cuando el resto no tenía problema.
La diferencia entre informar gestiones e informar resultados comenzó a instalarse como uno de los principales desafíos comunicacionales de la emergencia. Mientras las autoridades detallan las acciones desplegadas, los habitantes de las comunas afectadas preguntan cuándo volverán la electricidad y el agua. Incluso la alcaldesa de Viña del Mar Macarena Ripamonti, exigió investigar retrasos en la reposición de la electricidad.
Más allá de las empresas
Las fallas operacionales corresponden, en primer término, a las compañías concesionarias responsables del suministro. No obstante, el Estado conserva facultades de fiscalización, instrucción y sanción sobre esos servicios esenciales, especialmente cuando una emergencia afecta a miles de usuarios.
Algunas familias llevan más de 5 días sin suministro y, lo peor, sin respuestas claras.
Ese escenario instala una interrogante que probablemente marcará el balance político del temporal: si la preparación anunciada fue suficiente para asegurar una respuesta eficaz de los concesionarios o si las herramientas de supervisión y exigencia del Estado resultaron insuficientes frente a una contingencia que había sido anticipada.
El desafío que deja la emergencia
Las próximas horas serán determinantes para evaluar la eficacia de la respuesta institucional. Más cuando se anuncia un segundo frente tan o más complicado que el actual.
Si la reposición se acelera, el debate se concentrará en la capacidad de recuperación. Si las interrupciones persisten, aumentarán las preguntas sobre la efectividad de la planificación anunciada antes del sistema frontal.
Pareciera que persiste la costumbre de utilizar la figura retórica que consiste en exagerar de forma desproporcionada una acción del gobierno, en este caso la supuesta anticipación y capacidad de respuesta a la crisis. Hipérbole, suele llamársele.







