Una base moral y ética
Con motivo de un dictamen de la Contraloría sobre el correcto uso del idioma en documentos oficiales, se produjo un breve debate en que se defendía la libertad de expresión ante este supuesto ataque. Un abogado experto en la materia considero que la Contraloría estaba excediéndose de sus atribuciones y vulnerable un derecho fundamental. El intercambio, sin embargo, se diluyó con rapidez: ninguna ley, decreto o disposición puede dar lugar a dudas o interpretaciones. Exigir precisión en estos casos es una obligación.
Lamentablemente, el dictamen de la Contraloría no se aplica a otras manifestaciones escritas o habladas. La promesa hiperbólica del candidato Kast de expulsar en un abrir y cerrar de ojos a 300 mil inmigrantes en situación irregular, es aleccionadora. Ahora reconoce que es imposible de cumplir. No es el primer aspirante a un cargo de elección popular que incurre en un exceso similar, propio del populismo descarado.
Entre tanta discusión “miscelánea” en el Congreso Nacional, tal vez convendría levantar una exigencia al respecto. Sin embargo, más que un problema de disposición legal, se trata de una materia de la cual todos hablamos, pero no siempre tomamos en serio: la ética.
Según la definición del Diccionario de la lengua, ética es el “Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”.
En otras palabras, añade, se trata de actuar “conforme a la moral.”. Y aunque en este punto se podría abrir espacio para una nueva discusión, es evidente que en nuestra sociedad hay consenso acerca de las exigencias morales y de conducta que compartimos y que van más allá de las disposiciones legales. Una obligación básica es el respeto al otro, en cualquier ámbito. El periodismo tiene instancias de control ético, tanto para los periodistas como para los medios de comunicación. Lo mismo, la publicidad.
Mentir, por ejemplo, es una falta ética.
No deberíamos olvidarlo.
Abraham Santibáñez







