Bullrich y Quirno: una ofrece disculpas y el otro da explicaciones que no cierra debate. Patricia Bullrich intentó este domingo cerrar la controversia provocada por sus declaraciones sobre el “control” argentino del Estrecho de Magallanes. La senadora reconoció que cometió un error, ofreció disculpas a Chile y reafirmó el respeto por los tratados vigentes. Sin embargo, la explicación escogida para corregir sus palabras abrió inmediatamente otra pregunta: aseguró que en realidad quería referirse al canal Beagle.
No fue la única. El canciller trasandino, Pablo Quirno, también salió a explicar el sentido de sus palabras, aunque lo hizo de una manera particular: reiteró prácticamente en los mismos términos la definición que abrió la controversia. Argentina, sostuvo nuevamente, es un país “bicontinental, bioceánico”.
Bullrich: la confusión que confunde
“Cometí un error al mencionar el Estrecho de Magallanes, cuando en realidad me refería al canal Beagle”, explicó Bullrich en una comunicación dirigida al embajador chileno en Buenos Aires, Gonzalo Uriarte. La exministra de Seguridad sostuvo que se trató de una “confusión de nombres” y reconoció que sus dichos generaron incertidumbre. También reafirmó expresamente que el Estrecho de Magallanes se encuentra bajo soberanía chilena.
La rectificación despeja así una parte del episodio. Bullrich ya no sostiene aquello que dijo respecto de Magallanes y corresponde consignarlo. El problema es que reemplazar el nombre del Estrecho por el del Beagle no necesariamente resuelve la controversia que provocó la utilización de la palabra “control”.
De Magallanes al Beagle
El canal Beagle tampoco constituye un espacio sometido simplemente al control exclusivo de Argentina. Precisamente esa zona estuvo en el centro de una de las controversias territoriales más graves entre ambos países durante el siglo XX. El Tratado de Paz y Amistad de 1984 estableció finalmente la delimitación y los respectivos espacios de soberanía entre Chile y Argentina.
Por ello, la explicación de Bullrich obliga a formular una nueva pregunta. Si cuando habló del “control del Atlántico Sur, del Estrecho de Magallanes, de la llegada a la Antártida” quiso decir en realidad canal Beagle, ¿qué entiende exactamente por “control” sobre ese espacio? La corrección geográfica no entrega por sí sola una respuesta.
Nada de ello permite atribuir a Bullrich una reivindicación territorial sobre Chile que ella expresamente niega. Su disculpa y reafirmación de los tratados apuntan precisamente en sentido contrario. Pero una explicación destinada a despejar una controversia debería aclarar la expresión original y no simplemente trasladarla desde un espacio geográfico sensible hacia otro.
Quirno: Debo aclarar lo que dije y lo sigo diciendo
A diferencia de Bullrich, Pablo Quirno no dijo haberse equivocado ni retiró la definición que provocó las reacciones en Chile. El canciller argentino volvió a sostener que su país es “bicontinental, bioceánico” y explicó que sus palabras deben entenderse en relación con el fortalecimiento de la presencia argentina en el Atlántico Sur y su proyección hacia la Antártica.
Quirno reafirmó además “en cada uno de sus términos” la declaración conjunta suscrita por José Antonio Kast y Javier Milei y aseguró que Argentina honra sus compromisos y cumple plenamente los tratados vigentes. Es decir, ratifica el marco jurídico que reconoce la soberanía chilena sobre la totalidad del Estrecho de Magallanes, pero no modifica ni una palabra de la definición “bioceánica” que generó la controversia.
Su aclaración consiste, por tanto, en delimitar el significado que atribuye al concepto y no en rectificarlo. Para Quirno, “bioceánico” debe leerse desde el Atlántico Sur hacia la Antártica y no como una pretensión argentina sobre el Pacífico. La palabra permanece; lo que el canciller intenta corregir es la interpretación que produjo.
Las disculpas no resuelven el problema de fondo
Existe además una cuestión de dimensión institucional. Bullrich es actualmente senadora y sus palabras no constituyen una declaración oficial del Ejecutivo argentino. Por la misma razón, sus disculpas tienen aproximadamente el mismo peso institucional que tuvieron las declaraciones que las originaron.
Si la controversia de los últimos días se redujera exclusivamente a sus dichos, la rectificación permitiría prácticamente cerrarla. Pero las palabras de Bullrich aparecieron después de una sucesión de episodios protagonizados por autoridades argentinas y de un acto oficial que continúa vigente. Ese es el problema que sus disculpas no pueden resolver.
La Directiva de Política de Defensa Nacional aprobada mediante el Decreto 457 mantiene referencias a la “exploración, estudio y control conjunto” del Estrecho de Magallanes y el Mar de Hoces. Argentina ha manifestado disposición a modificar ese texto, pero la adecuación todavía no se materializa. Ese antecedente precede por varios años a la declaración de Bullrich.
Una sucesión que sigue abierta
A ello se agregaron durante los últimos meses distintas declaraciones provenientes de autoridades militares argentinas. En abril, el contraalmirante Hernán Montero sostuvo que la boca oriental del Estrecho correspondía a Argentina. Posteriormente, el jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Valverde, habló del área austral como una “llave bioceánica” al abordar cuestiones relacionadas con soberanía y defensa.
La semana pasada, José Antonio Kast y Javier Milei intentaron cerrar la controversia mediante una declaración conjunta. Ambos reafirmaron la plena vigencia y carácter definitivo de los tratados de 1881 y 1984, además de reconocer expresamente la soberanía chilena sobre la totalidad del Estrecho de Magallanes. La señal pretendía despejar cualquier ambigüedad respecto de la posición de ambos Estados.
Pero pocas horas después apareció una nueva expresión. El canciller argentino Pablo Quirno definió a Argentina como un país “bicontinental, bioceánico” mientras explicaba la estrategia de fortalecimiento de la presencia trasandina en el Atlántico Sur y su proyección hacia la Antártica. Sus palabras volvieron a provocar reacciones transversales en Chile.
Kaiser endurece su posición
En ese escenario, Johannes Kaiser elevó este domingo el tono que había utilizado apenas un día antes. El presidente del Partido Nacional Libertario había pedido una “buena explicación” de Cancillería y reconocido que los acontecimientos provenientes de Argentina le generaban “ruido”. Ahora planteó incluso suspender iniciativas de integración mientras no se despejen las controversias.
Su intervención tiene relevancia porque las críticas a la conducción de la relación bilateral ya no provienen exclusivamente de la oposición. Kaiser respaldó a Kast en la segunda vuelta presidencial y disputa políticamente dentro del mismo espacio de derecha que llevó al actual Mandatario a La Moneda. La controversia comienza así a producirle al Gobierno un costo también por ese flanco.
Pero Kaiser tampoco interviene desde una posición políticamente neutra. El dirigente libertario ha buscado diferenciarse de Kast y el debate sobre soberanía, defensa y fortalecimiento de las capacidades militares conecta directamente con una de las áreas donde su sector intenta construir una identidad propia. Su endurecimiento puede expresar una preocupación genuina y, simultáneamente, ofrecerle una oportunidad para marcar distancia con el Gobierno.
Los gobiernos intentan bajar la temperatura
Santiago y Buenos Aires, mientras tanto, han optado por una dirección distinta. Ambos gobiernos han reafirmado la importancia de la relación bilateral y destacado la cooperación en el extremo austral. La intención evidente es impedir que una sucesión de declaraciones termine deteriorando una relación que involucra intereses económicos, fronterizos, energéticos y estratégicos mucho mayores.
La prudencia diplomática resulta especialmente necesaria entre dos países que comparten más de cinco mil kilómetros de frontera y una historia en la que las controversias australes llegaron a colocarlos al borde de una guerra. Precisamente por esa historia, sin embargo, despejar las ambigüedades puede ser una herramienta de distensión mucho más eficaz que minimizarlas.
Las disculpas de Bullrich contribuyen en ese sentido respecto de sus propias palabras. Reconoció el error, reafirmó la soberanía chilena sobre Magallanes y expresó respeto por los tratados. Su episodio personal podría quedar cerrado.
El problema es que la controversia nunca dependió solamente de Patricia Bullrich.
El Decreto 457 continúa vigente. Las declaraciones anteriores de autoridades militares existieron. Y el canciller argentino todavía debe explicar con precisión qué alcance atribuye a la definición de Argentina como país “bioceánico”. Y, el gobierno chileno no hace nada más que callar por razones ideológicas o ignorancia.
Cambiar Magallanes por Beagle corrige un nombre. No responde qué entiende Argentina por “control”, qué significa oficialmente “bioceánico” ni por qué la norma que originó buena parte de esta controversia todavía no ha sido modificada.







