Política

El sello técnico que elevó a Chomali en las encuestas

Cristian Navarro H.

Periodista

Chomali
Imagen referencial creada con herramientas digitales
La ministra de Salud alcanzó un 57% de aprobación y se instaló como la figura mejor evaluada del gabinete. Su despliegue regional, la búsqueda de resultados concretos y sus diferencias públicas con algunas propuestas del Gobierno fortalecieron un liderazgo que no depende de los partidos.

La ministra de Salud, May Chomali, transformó una aparente debilidad política, no tener militancia ni una trayectoria partidaria,  en uno de sus principales activos dentro del Gobierno. Con un 57% de aprobación y un avance de cinco puntos respecto de julio, la secretaria de Estado encabezó la evaluación del gabinete en la última encuesta Cadem.

El resultado adquiere especial relevancia por tratarse del Ministerio de Salud, una cartera expuesta permanentemente a las listas de espera, las restricciones presupuestarias y las demandas de pacientes y funcionarios. Pese a esas dificultades, Chomali ha construido un perfil público basado en la gestión técnica, el contacto directo con las comunidades y una independencia que incluso la ha llevado a discrepar de iniciativas impulsadas por el propio Ejecutivo.

TERRENO ANTES QUE ANUNCIOS

Desde que asumió el 11 de marzo, Chomali ha recorrido doce regiones y ha priorizado hospitales provinciales y localidades alejadas de las capitales regionales. Su estrategia consiste en conocer primero las necesidades de funcionarios, pacientes, alcaldes y dirigentes antes de anunciar medidas.

Ese despliegue le permitió construir una red de apoyo propia, sin depender de estructuras partidarias. También instaló una forma de gestión orientada a vincular cada anuncio con plazos, seguimiento y resultados verificables.

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Entre las acciones que el Ministerio exhibe se encuentra la Alerta Oncológica, que permitió resolver cerca de 30 mil prestaciones atrasadas en 90 días. A ello se suma el convenio entre Fonasa, el Minsal y Caja Los Andes, destinado a atender 150 mil prestaciones correspondientes a pacientes que llevan más de seis meses en listas de espera.

El Presidente José Antonio Kast ha valorado públicamente ese enfoque, destacando la preferencia de la ministra por mostrar avances concretos antes que realizar anuncios sin ejecución posterior.

UNA VOZ TÉCNICA QUE INCOMODA AL GOBIERNO

Parte importante del respaldo ciudadano hacia Chomali también podría explicarse por su disposición a expresar diferencias cuando considera que una decisión política entra en conflicto con la evidencia científica o con las obligaciones sanitarias del Estado.

La ministra manifestó preocupación ante la posibilidad de que establecimientos de salud entregaran información sobre pacientes migrantes en situación irregular. Su postura se apoyó en la confidencialidad de los antecedentes clínicos y en los derechos garantizados por la legislación sanitaria.

También cuestionó el proyecto denominado “Escucha su corazón”, que propone que mujeres acogidas a alguna de las tres causales de aborto escuchen los latidos del embrión. Chomali sostuvo que no existe evidencia clínica que demuestre que esa medida modifique la decisión de las pacientes.

Una situación similar ocurrió con el borrador de la reforma constitucional de seguridad, que contemplaba restricciones para que personas condenadas por crimen organizado o terrorismo accedieran a prestaciones estatales. La titular del Minsal advirtió que la propuesta podía entrar en contradicción con los deberes del sistema de salud.

Estas intervenciones generaron correcciones y aclaraciones desde La Moneda, pero también consolidaron la percepción de que Chomali está dispuesta a defender los criterios técnicos de su cartera, incluso cuando estos no coinciden completamente con la posición política del Gobierno.

RESPALDO TRANSVERSAL, PERO CON TAREAS PENDIENTES

La ministra complementa su experiencia sanitaria con un equipo encargado de la coordinación política, legislativa y comunicacional. Samira Chahuan lidera su gabinete; Magdalena Ruiz-Esquide coordina las prioridades y el seguimiento de las políticas públicas; Alejandro Berkovits encabeza el Departamento de Cáncer, y Pamela Olavarría dirige las comunicaciones ministeriales.

Chomali también ha mantenido una relación fluida con parlamentarios oficialistas y de oposición. Sin embargo, las buenas evaluaciones no han evitado las críticas. El senador Ricardo Celis (PPD) reconoció los avances de la Alerta Oncológica, pero advirtió que todavía falta una estrategia de largo plazo frente al aumento de los casos de cáncer, la formación de especialistas y la infraestructura sanitaria. También señaló que persisten brechas en infertilidad y endometriosis.

Su decisión de mantener a asesores y jefaturas provenientes de la administración anterior provocó cuestionamientos en sectores oficialistas. Desde el Minsal, esa continuidad ha sido defendida por la experiencia técnica de los equipos y por la necesidad de mantener capacidades instaladas para responder a emergencias y ejecutar políticas sanitarias.

La alta aprobación de Chomali revela así un fenómeno poco habitual: una ministra sin partido que construye influencia política mediante resultados, presencia territorial y autonomía de criterio. Esa fórmula le ha permitido sobresalir dentro del gabinete, aunque su principal desafío será transformar la popularidad actual en soluciones sostenidas para los problemas estructurales de la salud pública.

 

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