Boric, amigo, el pueblo está contigo”, se escuchó en la previa de lo que sería el discurso del presidente Gabriel Boric, en la ceremonia oficial por los 50 años del golpe de Estado.
Emocionado se subió al podio: “Muy buenos días a todas y a todos. En primer lugar, saludo al pueblo de Chile que nos acompaña desde esta plaza, pero también desde todas las plazas”.
Luego, saludó a las agrupaciones, representaciones y asistentes internacionales y nacionales: Andrés Manuel López Obrador (México), Pepe Mujica (Uruguay), Michelle Bachelet (Chile), Ricardo Lagos (Chile), entre otros presentes.
“Hoy, como han dicho quienes me antecedieron”, como lo fue la hija del presidente chileno derrocado, la senadora Isabel Allende; o la presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, “es sin duda un punto de inflexión en nuestra historia”.
Una historia que trajo muerte, persecución, sufrimiento y pobreza. “Hoy, recordamos a quienes defendieron la Constitución y las leyes, cuando hace 50 años, el Estado de Derecho caía avasallado detrás nuestro por la fuerza de aviones, tanques y armas y la insolencia de la traición y la sedición”.
Hoy, también es un día para recordar a quienes persiguieron por sus ideas. A quienes conocieron la cárcel, la tortura y el exilio: “Por eso es muy importante afirmar con claridad que no es separable el golpe de Estado, de lo que vino después”, porque ese 11 de septiembre de 1973 empezaron las vejaciones a los Derechos Humanos de la Dictadura.
Un día para pensar en los ausentes y en quienes salvaron vidas. Para agradecer la solidaridad internacional. Para hacer aprendizaje de estos últimos 50 años “Y fortalecer de esta manera nuestra convivencia”.
FIRMA DEL ACUERDO POR LOS 50 AÑOS
Es por todo lo anterior que Gabriel Boric valora la firma de los expresidentes vivos, desde Frei hasta Piñera: “ Porque es con la diversidad y entre quienes piensan distintos, con quienes podemos construir una sociedad mejor”.
“Es un compromiso importante en la medida en que sea asumido transversalmente por quienes legítimamente pensamos distinto. Porque solo de esa manera podremos cuidar la democracia”.
El mensaje del Presidente no fue sólo para Chile, fue para Latinoamérica y el mundo: “Soy un optimista empedernido”, respecto al futuro y presente de los pueblos. Agradece en ese sentido la firma del Compromiso de Santiago de los mandatarios, exmandatarios y personalidades extranjeras.
“Cuando somos capaces de poner delante el bienestar de nuestros pueblos, por sobre nuestras diferencias, sale siempre lo mejor de nosotros y nosotras. La sonrisa morena latinoamericana es contagiosa y movilizadora”.
Por eso, “Desde este Santiago refulgente después de la lluvia, proclamamos con mucha convicción que nunca más la violencia sustituya en nuestra convivencia el debate democrático”.
Y ante Chile y el mundo la consigna es clara: “democracia hoy siempre”.

DEMOCRACIA
La “incómoda pero imprescindible verdad” tiene que ver con el recordar que, “la democracia no está garantizada y todos los días debemos trabajar transversalmente para protegerla”.
Más allá de las diferencias y de las coyunturas. El deber y “permanente desafío es no dejar de atender las señales de frustración que atraviesa la sociedad entera”. Las pensiones, el bienestar, la igualdad, el cuidado del medio ambiente, respeto a los pueblos originarios, cuidado a los NNA y más.
Es momento de “levantar la cabeza” y cuidar la democracia. Usarla para “resolver los problemas del pueblo y no las disputas pequeñas de sus autoridades”.
Y ese levantamiento, para el Presidente también debe venir de la propia izquierda y fuerzas progresistas: “La democracia es el único camino para avanzar a una sociedad más justa y humana y es por lo tanto un fin en sí mismo, no meramente instrumental. Y la violencia política no cabe dentro de ella”.
En ese sentido, los cambios estructurales “a los que aspiramos deben ser respaldados por amplias mayorías” y la labor es conseguirlas.
La democracia también es historia: “Somos siempre herederos de lo que construyeron nuestros antecesores y debemos ser capaces de aprender de sus luces y de sus sombras”. Porque “no importa el color del régimen que viole los Derechos Humanos”, estos siempre se respetan.

CHILE EN LOS OJOS DEL MUNDO
Y cuando los Derechos Humanos no se respetan, debe doler en el país en que se violan y en el resto del mundo porque “al final del día somos una comunidad”.
Fue esa comunidad a la que le estremeció “el golpe de Estado y la dictadura chilena, La Moneda bombardeada, la muerte del presidente Salvador Allende”. Porque veían en Chile “una esperanza de cambios profundos” , con empanada y vino tinto.
“Después de la tragedia, países de todo el globo recibieron a miles de nuestros compatriotas” exiliados y refugiados. “Fueron compatriotas de Lota, de Calama, de La Granja o de Valparaíso que llegaron a esos lugares lejanos gracias a las generosidades y valentía y coraje inestimable de muchas veces gente anónima, de personas que sin tener obligación alguna, decidieron salvar vidas”.
Gracias a los diplomáticos extranjeros “Que se enfrentaron al medio y al terror, que desafiaron a la dictadura para poner un poco de humanidad en la mirada de los perseguidos de sus parejas y sus hijos”.

LOS JÓVENES
“Como ustedes saben, pertenezco y no solo yo, sino buena parte de mi Gobierno a una generación que no vivió el golpe de Estado” . Una generación que “recuerda los últimos años de la Dictadura o las complejidades de los primeros años de la transición, pero que ha gozado de los beneficios de vivir en democracia”.
Desde el podio, el Presidente le habló a las nuevas generaciones, “a las que nacieron en democracia y que por lo tanto la dan por hecho”.
Hay que entender y atesorar el sacrificio de los antecesores. Pensar en abuelos, padres, madres y más lejanos inclusos.
Pensar en el campesino que viajó a la ciudad a finales del siglo pasado. En los obreros sindicalizados de los años 20’, en el trabajador manual que aprendió a leer con el auge de la educación pública en los 30’. En las mujeres que exigieron su derecho a ciudadanas en los 40’. En la familia campesina que fue libre del inquilinaje en los años 60’. “En el niño desnutrido que por primera vez en los 70 su medio litro de leche”, en los jóvenes de los 80’ que lucharon en democracia. “Pensemos en el homosexual o la mujer lesbiana que en los 90 exigió que se respetara su identidad silenciada y largamente vulnerada”.
La democracia es una construcción continua que nunca se acaba, que se consigue con esfuerzo y muchas veces sufrimiento. “Por eso y en particular a las nuevas generaciones, les invito a preguntarse, a salir de las pantallas, a levantar la vista y preguntarse qué estamos haciendo hoy nosotros y nosotras por los que vendrán”.

EL GOLPE DE ESTADO DE 1973
Hace 50 años, ese avance histórico que es la democracia “se vio amenazado y truncado”. No obstante, hubo quienes siguieron luchando por ella: “Eso tuvo un costo que en muchos casos fue demasiado alto. Y al igual que nuestras propias heridas físicas, cuando estas no cicatrizan de buena manera, el dolor permanece; pero además, en el caso de las heridas del corazón, las heridas del alma: las heridas se transmiten de generación en generación”.
Sólo asumiendo el pasado, se sanarán las heridas y “será posible una convivencia en armonía y la construcción de una sociedad que se proyecte humanamente hacia el futuro”.
“Sabemos que el golpe de Estado, y seamos capaces de decirlo:el golpe de Estado, trastoca profundamente la vida de todas y todos los chilenos”. Para quienes militaban en la UP y para quienes creían en el proyecto de Salvador Allende.
“Hay, a veces, quienes nos instan a que escondamos su nombre”, pero en el mundo su nombre suena. Y cuando el presidente Boric recorre Chile, le toman la mano y dicen “yo le he dado la mano a dos presidentes, a Salvador Allende y ahora a usted”. En esa mirada y manos, “siento, chilenos y chilenas, el peso de la larga historia de nuestra patria”.
Por eso hoy, cabe recordar a quienes acompañaron a esas manos en el dolor: al Comité Pro Paz, la Vicaría de la Solidaridad, la Fundación de la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia, el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos, entre tantas otras.
“Hay compatriotas, quienes hoy nos critican por estar junto a ellas, por marchar junto a ellas, por declararnos sus deudores, pero a la vez sus cómplices y yo les digo, con mucha convicción y también con mucha tranquilidad, que no me arrepiento un segundo de estar, junto a mi Gobierno, del lado de quienes sufrieron”.

DEUDAS DEL ESTADO
La reconciliación se logra cuando “Nunca más”. Garantizar eso es responsabilidad del Estado y “por eso hemos tomado la determinación de dar un nuevo paso adelante” en dar reparación, justicia y reconciliación a esos “1.162 compatriotas, mujeres, hombres, adolescentes, niños y niñas” que siguen desaparecidos.
“Es tiempo de subsanar esas audiencias, de corregir fallas”, porque a pesar del esfuerzo del Informe Rettig y la Comisión Valech: “El Estado debe hacer más por conseguir las respuestas que el país merece y necesita para poder sanar”.
“El Estado lo hizo desaparecer y el Estado debe hacerse cargo de saber dónde están”. Y es eso lo que trata el Plan Nacional de Búsqueda de Verdad y Justicia, hito del Gobierno de Boric. Se suman a él hitos como la lectura del Informe Rettig de Aylwin; el intento de avanzar y generar instancias de encuentro entre familiares de víctimas y las Fuerzas Armadas; la Comisión Valech de Lagos; Bachelet abriendo “nuevas puertas que antes estaban cerradas”; o el que Piñera hablara de cómplices pasivos.
“Y vale la pena, vale la pena que en nuestras diferencias seamos capaces de reconocer a quienes pensando distinto, han hecho también una contribución”.

LAS LECCIONES
Ya llegando a la parte final de su discurso que duró cerca de 45 minutos, el Presidente dio a conocer una serie de lecciones que rescata, de lo que fue el Estallido Social y sus violaciones a los Derechos Humanos.
“Lo primero que aprendimos es que el pasado sí importa, para mirar al futuro”, que la manera en la que el Estado se hace cargo de sanar las heridas es relevante. En Chile aún las heridas no sanan “y debemos hacer más esfuerzos en esa dirección aunque nos cueste, aunque nos duela”.
“Podemos ser una mejor sociedad si allí donde hubo silencio y ocultamiento, ahora hay verdad”. Si hay justicia, afecto, compasión, reparación y “reconocimiento de los crímenes que se cometieron en el pasado”.
La valoración irrestricta de la democracia. Porque los problemas de la democracia se resuelven con más democracia. “Por eso nos rebelamos, cuando nos dicen que no había otra alternativa: por supuesto que había otra alternativa”, y el día de mañana, si ocurre otra crisis, “siempre va a haber otra alternativa que implique más democracia y no menos”.

LOS LLAMADOS
“El compromiso que hoy nos mueve debe ir más allá de la coyuntura del momento. Tenemos que ser capaces de pensar en el futuro que estamos construyendo, por eso, el compromiso inclaudicable con la democracia y el respeto a los Derechos Humanos, es importante y trascendente”.
Porque quienes vivieron el golpe de Estado y una vida sin democracia, no estarán siempre. Por lo mismo, “la democracia y los Derechos Humanos deben ser apropiados y valorados por cada nueva generación”.
Hay que hacerse cargo de los desafíos que tiene la democracia, “hagámonos cargo de sus complejidades, y metámosle un poquito más de cariño, de menos desconfianza”. Mirar a los ojos y darse cuenta que con quien piensa distinto, “tenemos más puntos de acuerdo de los que pareciéramos creer”.
“Porque una democracia, su gracia, es que permite expresar las legítimas diferencias, y resolverlas en paz y sin violencia”. Una democracia que escuche y que dé respuesta a “las preocupaciones y anhelos de sus ciudadanos”.
La invitación directa es a soñar con “un Chile y un mundo más democrático, más justo, más inclusivo, más igualitario, más sustentable y más amable”. Y con esos sueños, que también son los del ayer, vigentes; “con la energía de hoy, caliente; y con la certeza de un mañana pujante, digamos una vez más, con amor por los que aquí no están, y con aprecio por los que aquí hoy nos acompañan y con dulzura por quienes nos sucederán: Democracia hoy y siempre.
“Muchas gracias”.








