Nuevamente Kast cae fuerte en las encuestas y su ley miscelánea le sigue en las encuestas y se complica su aprobación general.
A poco más de un mes de asumir, el gobierno de José Antonio Kast enfrenta un deterioro acelerado en su respaldo ciudadano. Lo que comenzó como una instalación agresiva, con anuncios de alto impacto y control de agenda, hoy se transformó en un problema político que ya reflejan todas las encuestadoras.
El principal golpe vino desde el bolsillo. El alza histórica en el precio de los combustibles, asociada al conflicto internacional en Medio Oriente y al ajuste del mecanismo de estabilización, terminó golpeando directamente la inflación de marzo y arrastró la percepción económica del gobierno. Incluso El País destacó que ese factor explica buena parte de la caída brusca en popularidad del Mandatario.
A eso se sumaron los «errores no forzados», como la frase “Chile está en quiebra”, impulsada desde el Segundo Piso de La Moneda y atribuida al asesor Cristián Valenzuela. La expresión obligó a desmarques del ministro de Hacienda y abrió un oficio de Contraloría, transformándose en uno de los errores comunicacionales más costosos del inicio de gestión.
FUERTE CAÍDA
La reciente encuesta Criteria mostró una de las señales más duras. Según el sondeo, la aprobación de Kast cayó seis puntos en una semana y quedó en 36%, mientras la desaprobación subió a 49%, muy lejos del 30% que registraba en la primera semana de gobierno.
En Cadem, el cuadro tampoco mejora. La desaprobación llegó a 53% y la aprobación quedó en 42%, consolidando una tendencia de desgaste en pleno primer mes de administración.
La Cosa Nostra fue aún más dura en su lectura estructural. Su encuesta de marzo proyectó que Kast terminaría su gobierno con nota 3,9 y lo ubicó en el décimo lugar del ranking histórico de presidentes, tras caer desde el sexto puesto. Un 25% cree incluso que terminará con nota 1.
El deterioro también aparece en la percepción general del país. Según Cadem, un 52% cree que Chile va por mal camino, un alza de 26 puntos respecto del 11 de marzo, cuando Kast asumió la Presidencia. En términos políticos, ese salto es brutal.
LA ECONOMÍA SE TOMA LAS ENCUESTAS
Otro cambio relevante es el desplazamiento de prioridades ciudadanas. Kast llegó con el mandato de enfrentar delincuencia, migración irregular y reactivar el crecimiento. Sin embargo, hoy la principal exigencia ciudadana ya no es seguridad, sino economía.
La última medición de Cadem mostró que un 65% cree que la prioridad del gobierno debe ser la economía y el empleo, superando por primera vez en años a la seguridad. En marzo, esa relación era inversa: la delincuencia y el narcotráfico encabezaban la preocupación. El control migratorio también se desplomó como prioridad, pasando de 21% a 10%.
Criteria coincide: un 64% estima que el crecimiento del PIB debe ser el foco principal y aumentó la percepción de que la situación económica empeorará en los próximos meses.
Eso cambia completamente el tablero político. Kast ganó prometiendo orden, pero hoy la ciudadanía exige alivio económico inmediato.
LA RECONSTRUCCIÓN EN LA UTI
En ese escenario llega al Congreso el Plan de Reconstrucción Nacional, una batería de cerca de 40 medidas que incluye la controvertida rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, además de incentivos tributarios y reformas estructurales «que benefician a los más ricos», denuncian desde la oposición. En el oficialismo, también se han levantado duras críticas.
El problema para La Moneda es que la iniciativa aterriza en el peor momento de aprobación presidencial. La oposición ya acusa que se trata de una reforma tributaria encubierta y varios dirigentes anunciaron que estudian recurrir al Tribunal Constitucional por tratarse de una ley miscelánea.
Con un gobierno en baja, una vocera debilitada, ministros obligados a corregir al propio Ejecutivo y un Segundo Piso atrapado en polémicas, el proyecto no llega como una muestra de fortaleza, sino como una apuesta de alto riesgo.
Porque en política, las grandes reformas no solo necesitan votos. Necesitan autoridad. Y hoy, ese parece ser precisamente el recurso más escaso en La Moneda.







