Política

Kast contra Kast: la crisis de su relato

Mario López M.

Imagen creada con herramientas digitales para Está Pasando
Las contradicciones entre las promesas del candidato y las decisiones del Presidente preceden al caso Rabat. Las rebajas de condenas profundizaron el cuestionamiento ciudadano y abrieron diferencias incluso entre quienes respaldan al Gobierno.

La crisis política que enfrenta José Antonio Kast no comenzó con Fernando Rabat. Las rebajas de condenas a responsables de delitos sexuales contra menores y de crímenes de lesa humanidad llevaron a su expresión más delicada una contradicción que ya aparecía en otras decisiones del Gobierno. Se trata de la distancia entre el discurso del candidato que exigía determinados estándares y las actuaciones del Presidente que hoy debe responder por ellos.

Durante su trayectoria política, Kast construyó un relato asociado a la autoridad, la seguridad, la defensa de las víctimas y la exigencia de responsabilidades. Desde la oposición cuestionó decisiones de otros gobiernos y reivindicó criterios que presentó como indispensables para ejercer el poder. Ahora, esos mismos criterios permiten examinar las decisiones de su administración.

La controversia tiene una particularidad: el Mandatario no ha intentado mantenerse al margen de las responsabilidades políticas por las rebajas de condenas. Reconoció errores, asumió públicamente la responsabilidad que corresponde al Gobierno y decidió mantener al ministro de Justicia. Con ello, la discusión dejó de depender exclusivamente de la actuación de Rabat y alcanzó directamente a la Presidencia.

El estándar que ahora enfrenta su propia prueba

La afirmación del propio Kast de que el Gobierno tiene un estándar superior plantea una exigencia que trasciende las diferencias entre administraciones. Cuando una autoridad reivindica públicamente ese criterio, abre la posibilidad de evaluar sus decisiones conforme a la vara que ella misma ha establecido. La coherencia deja entonces de ser solamente una virtud declarada y se convierte en una cuestión verificable.

Está Pasando ya había abordado esa tensión al examinar el discurso del estándar superior y sus implicancias políticas. No se trata de discutir si un gobierno tiene derecho a defender sus decisiones o a corregir errores. La pregunta es si aplica a sus propios colaboradores las exigencias que formuló respecto de las autoridades anteriores.

La controversia por Rabat permite someter ese principio a una prueba concreta. El Presidente reconoció que el Estado falló a las víctimas, pero optó por conservar al ministro responsable de encabezar la cartera que suscribió los decretos. Esa decisión obliga a examinar qué consecuencias políticas acompañan al reconocimiento de un error de semejante gravedad.

Cuando el candidato se encuentra con el Presidente

Las diferencias entre las promesas electorales y las decisiones de gobierno no comenzaron con el Ministerio de Justicia. Está Pasando también examinó la promesa de entregar computadores a estudiantes de la educación pública y la posterior decisión presupuestaria que afectó al programa correspondiente. El contraste permitió formular una pregunta que hoy adquiere mayor alcance: qué habría dicho el Kast candidato frente a las decisiones del Kast Presidente.

La cuestión tampoco se limita a compromisos presupuestarios. Durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, Kast y el Partido Republicano adoptaron una posición opositora pese a compartir con aquella administración parte importante del espectro político. La experiencia ha vuelto a la discusión precisamente cuando la actual administración reclama disciplina y lealtad a sus aliados.

Renovación Nacional recordó recientemente ese antecedente al decidir respaldar al Gobierno en medio de la controversia por Rabat. Dirigentes del partido plantearon que no debían repetir con Kast el trato que los republicanos dieron a Piñera. La comparación revela que las diferencias entre el discurso opositor de ayer y las exigencias gubernamentales de hoy también forman parte del debate dentro de la derecha.

Las rebajas de condenas cambian la dimensión del conflicto

La controversia por los beneficios penitenciarios introduce una dimensión jurídica y ética que no puede equipararse sin más con una promesa presupuestaria incumplida. Las decisiones del Ministerio de Justicia alcanzaron a condenados por delitos sexuales contra menores y también a responsables de graves violaciones de derechos humanos. Por eso, el análisis comprende tanto los fundamentos legales de los decretos como las obligaciones constitucionales e internacionales del Estado.

El Gobierno reconoció errores y anunció medidas para revisar los beneficios otorgados. Sin embargo, la posibilidad de revertir los decretos enfrenta dificultades jurídicas que han reconocido autoridades y especialistas. Una reforma destinada a impedir futuras rebajas tampoco resuelve por sí misma las interrogantes sobre las decisiones ya adoptadas.

El Presidente declaró que le correspondía asumir la responsabilidad gubernamental y rechazó remover a Rabat como respuesta inmediata a la controversia. El 6 de noviembre volvió a respaldarlo públicamente, después de reunirse con él en La Moneda. Su conducta convirtió la continuidad del ministro en una decisión presidencial sostenida en el tiempo.

El cuestionamiento trasciende a la oposición

La oposición reaccionó ante las rebajas de condenas con críticas al Ministerio de Justicia y el anuncio de una acusación constitucional. Pero la controversia adquirió otra dimensión cuando las encuestas comenzaron a registrar un amplio rechazo a la permanencia del ministro. El problema dejó de expresarse solamente en la confrontación parlamentaria.

La encuesta Criteria difundida el 1 de noviembre registró un 72% de desacuerdo con la continuidad de Rabat. Entre quienes se identificaron con la derecha, el rechazo alcanzó el 54%. La medición no permite establecer por sí sola cuántos votantes de Kast modificaron sus preferencias, pero sí muestra que el cuestionamiento excede a quienes se identifican con la oposición.

El Presidente llegó a La Moneda con el respaldo de su electorado original y de ciudadanos que lo apoyaron en segunda vuelta. No todos esos votos expresaban necesariamente una adhesión completa a su proyecto político. La controversia abre, por tanto, una interrogante sobre la relación entre las expectativas que generó su candidatura y las decisiones que adopta desde el Gobierno.

La derecha comienza a discutir la conducción

Las tensiones también alcanzaron a los partidos que sostienen parlamentariamente al Ejecutivo. Dirigentes y legisladores oficialistas han expresado diferencias sobre la conveniencia de mantener a Rabat y sobre la conducción política de la crisis. Incluso dentro del Partido Republicano surgieron reconocimientos de dificultades en el manejo gubernamental.

El debate no se limita al futuro de un ministro. También comprende la relación del Presidente con los partidos, la autonomía de sus colaboradores y el funcionamiento del equipo de asesores de La Moneda. En ese contexto, los reportajes y análisis de Ex-Ante aportaron testimonios sobre la importancia de la confianza personal en las decisiones de Kast.

Las diferencias entre las distintas corrientes de la derecha impiden atribuirles una posición única. Chile Vamos, los republicanos y el espacio político de Johannes Kaiser mantienen trayectorias y prioridades propias. Sin embargo, la existencia de cuestionamientos dentro de ese universo político resulta relevante para evaluar el alcance de una crisis que comenzó concentrada en el Ministerio de Justicia.

La lealtad personal y la responsabilidad pública

La Constitución entrega al Presidente la facultad de nombrar y remover a sus ministros. Esa atribución no está en discusión y su ejercicio tampoco depende de la aprobación de los partidos políticos. Pero la responsabilidad presidencial comprende algo más que la defensa formal de sus potestades.

Mantener a un colaborador puede responder a convicciones jurídicas, confianza personal o consideraciones políticas. Para evaluar esa decisión resulta necesario examinar sus fundamentos, sus consecuencias y las respuestas ofrecidas a los cuestionamientos. En el caso de Rabat, esas preguntas adquieren especial importancia por la gravedad de los delitos involucrados y los derechos de las víctimas.

La discusión tampoco termina con el resultado de una eventual acusación constitucional. Una votación parlamentaria puede resolver la permanencia jurídica de una autoridad, pero no determina por sí sola la valoración ciudadana de sus decisiones. La legitimidad política requiere una relación continua entre los compromisos asumidos, los actos de gobierno y la responsabilidad por sus consecuencias.

La crisis de un relato construido para gobernar

El deterioro político de Kast no comenzó con Rabat. Desde el bencinazo, las decisiones económicas, las controversias gubernamentales y la distancia entre las promesas y su cumplimiento han acompañado una pérdida sostenida de respaldo ciudadano. La crisis por las rebajas de condenas añadió una dimensión particularmente grave a ese proceso, al comprometer principios de justicia, seguridad y protección de las víctimas que el propio Presidente convirtió en fundamentos de su discurso político.

La secuencia también muestra cómo se ha ampliado el cuestionamiento. A las críticas de la oposición se sumó el rechazo ciudadano, reflejado en las encuestas, y comenzaron a manifestarse discrepancias desde la propia derecha. No se trata solamente de la continuidad de Rabat, sino de una discusión sobre la coherencia del proyecto político que llevó a Kast a La Moneda.

La contradicción que hoy enfrenta el Mandatario no nació con las rebajas de condenas ni desaparecerá necesariamente cuando termine esa controversia. Sus propias declaraciones de campaña y las decisiones de su Gobierno ofrecen antecedentes para examinarla. El problema ya no es únicamente cuánto respaldo político conserva Kast, sino cuánto de lo que prometió el candidato encuentra expresión en los actos del Presidente.

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