La fiscalía está intentando ser lo más pedagógica posible para hacer conciencia de la magnitud de lo defraudado por Cathy Barriga en Maipú. Es muy difícil que tenga éxito cuando lo que las personas suelen dimensionar es lo que su familia gana al mes multiplicado por tres, más allá de eso es “mucha plata”.
En efecto, es mucha plata, literalmente más allá de la imaginación de un ciudadano común. Pero si el cálculo nos puede fallar en cuanto al monto, lo que no nos puede fallar es la capacidad de aprender sobre el comportamiento de los delincuentes de cuello y corbata. Estamos ante una profesional.
La diferencia entre un novato que se queda con la caja chica y un virtuoso del delito es la completa ausencia de vergüenza y del auto reproche del segundo.
Contradicciones vitales
Un amateur sabe que ha cometido una falta y, cuando es descubierto, se acusa solo porque todo en el delata al culpable. Es un ladrón, pero con mentalidad de honrado. Los profesionales son otra cosa: son culpables inapelables, pero que quieren sembrar la duda en los demás sobre su posible inocencia.
No sé si constituye un halago el decirlo, pero en el gobierno son amateur hasta para las faltas. En el caso de las reuniones con Zalaquett, a los ministros poco les falta para ponerse el traje de reos de las películas.
El rostro de los mencionados son una oda a la autodenuncia. Se ocultan, se contradicen, sueltan la verdad por goteo, se excusan, argumentan como abogados, con lo que resultan todavía más faltos de sinceridad. En su cabeza ya hay un juez que dictaminó y por eso no tienen escape, pero sí tienen salvación.
Inocente maltratada
Cathy Barriga es otra cosa. Es una profesional. Ha decidido representar el papel de inocente maltratada por enemigos poderosos a los que enfrenta con mucha dignidad y de ahí no la sacará nadie. Como es una virtuosa en lo que hace, al final el papel que presenta se come a la persona y ya son indistinguibles.
Es lo perfecto de su representación de inocencia lo que la delata como culpable porque su armadura comunicacional la protege a los ojos de sus seguidores y sabe que ese apoyo no lo va a perder. Entrará a la cárcel con armadura y todo, y hasta el final de los tiempos.
Barriga no es una ladrona que se quedó con la plata, es una mártir camino al sacrificio que le han deparado unos malvados. Lo único que le hace perder la paciencia son los amateur y su esposo lo es. Cuando trató de acompañarla, rodeándola con sus brazos en un gesto protector, lo rechaza con brusquedad porque ella no está representando a una frágil damisela, sino a una mujer fuerte.
Los que no tienen perdón son los gremialistas
Ellos están informados, saben lo que pasó y han optado por la incoherencia. Entre los principios y el cuidado de una dinastía interna, han optado por esto último. Eso es muy triste.
No se puede decir que la UDI haya entregado sus principios por un plato de lentejas, más bien lo ha hecho por una línea de exportación de lentejas, pero para el caso da lo mismo. No son virtuosos y su armadura está llena de agujeros.
Ya se han casado con la peor argumentación que existe al decir que esperarán a que la justicia dictamine. Es algo que no le aceptarían a ninguno de sus adversarios. Sacrifican lo que quieren ser para proteger a los suyos y lo saben.
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