La reforma constitucional de seguridad volvió a asomarse entre una agenda política dominada durante los últimos días por otros conflictos. Y lo hizo desde las propias filas de la derecha. El senador Rodolfo Carter llamó a “bajar los decibeles” y sostuvo que todos los sectores deben estar dispuestos a ceder para destrabar una iniciativa que constituye uno de los proyectos emblemáticos del gobierno de José Antonio Kast.
“Lamentablemente, con esta reforma constitucional hemos tenido un retroceso, producto de que se ha politizado la conversación”, afirmó Carter. Luego apuntó directamente a la necesidad de alcanzar acuerdos: “Todos tenemos que estar dispuestos a ceder”.
Una reforma que perdió velocidad
El llamado encuentra al Ejecutivo en una posición bastante distinta de aquella con que presentó la reforma el pasado 10 de agosto. Entonces, La Moneda puso sobre la mesa una modificación constitucional que contempla -entre otras materias-, un nuevo estado de excepción para enfrentar alteraciones de seguridad pública provocadas por organizaciones criminales o terroristas. La propuesta forma parte central de la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT).
Sin embargo, el proyecto encontró reparos que atravesaron las fronteras tradicionales entre Gobierno y oposición. Parlamentarios oficialistas, independientes y representantes de sectores de derecha cuestionaron distintos aspectos de la propuesta y pusieron en duda que existieran los 29 votos necesarios para aprobarla.
El Ejecutivo terminó reduciendo la urgencia del proyecto y otorgó un plazo mayor para su discusión en el Senado. Pero el presidente Kast -acusado de «iliberal»- descartó retirar la reforma y ha insistido en mantener el nuevo estado de excepción dentro de la iniciativa.
Respetar no es lo mismo que ceder
La Moneda ha señalado que respetará aquello que finalmente determine el Senado. Pero esa afirmación describe una consecuencia propia del trámite legislativo y no necesariamente una modificación de la posición gubernamental.
Ahí adquiere relevancia el llamado de Rodolfo Carter. Si “todos” deben estar dispuestos a ceder, la pregunta es hasta dónde alcanza ese todos y qué aspectos del proyecto está dispuesto a modificar el propio Ejecutivo para construir la mayoría que hasta ahora no tiene.
El problema tampoco parece radicar en una negativa general del Congreso a legislar sobre seguridad. La ACOT contiene más de una veintena de iniciativas y el Gobierno decidió avanzar paralelamente con ellas mientras desaceleraba la tramitación de la reforma constitucional.
El nudo político está concentrado en algunas de las herramientas que La Moneda quiere incorporar a la Constitución. Ellas han sido consideradas, de manera transversal, como contrarias a la democracia. Tanto, que desde el mismo Partido Republicano han dicho que no la habrían apoyado si hubiera sido propuesta por la excandidata Jeannette Jara.
Los votos siguen siendo el problema
La reducción de la urgencia entregó tiempo al Gobierno. No le entregó los votos. La reforma permanece en el Senado y el Ejecutivo necesita ampliar considerablemente su respaldo para alcanzar el quórum constitucional requerido.
Esa necesidad explica que, mientras públicamente La Moneda asegura que respetará lo que resuelva la Cámara Alta, políticamente continúe buscando acuerdos para sacar adelante su propuesta. Carter propone precisamente sustituir la confrontación por negociación.
“Hay que bajar los decibeles”, planteó, junto con señalar que todos deben reconocer errores y recuperar una conversación que, a su juicio, terminó politizada.
Su intervención reflota así una discusión que quedó temporalmente desplazada por la contingencia, pero cuyo problema central permanece exactamente donde estaba: el Gobierno convirtió la reforma constitucional de seguridad en una de sus principales apuestas políticas y todavía no reúne los apoyos suficientes para aprobarla.
El Senado tendrá finalmente la palabra. Pero antes de que vote, alguien tendrá que ceder. Carter acaba de decirlo en voz alta. La pregunta es si La Moneda también se considera incluida en ese “todos”.







