Todas las fábulas coinciden en que es fácil sacar a un genio de la botella, pero lo difícil consiste en convencerlo que vuelva a meterse dentro de ella.
Republicanos sacó a relucir en sus enmiendas todas sus convicciones más identitarias, con la intención de volver a guardarlas en la botella para alcanzar acuerdos y sacar la Constitución adelante. Pensarlo no es lo mismo que hacerlo.
Se olvidó, al tratar de quedar bien con Dios y con el diablo, del efecto que tendría el debate en el plan original. Esto de defender las convicciones más radicales por un rato para después salir a negociar no es sencillo, menos para este sector.
Quienes se incorporan a un partido como Republicanos no lo hacen atraídos por la ponderación de juicios y la ductilidad de sus conductas; ocurre exactamente al revés. Esta es la razón de la primera y más nítida división entre sus filas.
Los militantes que dieron origen a esta tienda se sabían pocos y con escasas posibilidades de crecer, pero lo que querían era defender sus posiciones radicales, ya sea que a los demás pudiera gustarle o no.
Sacrificaban el poder a la pureza. Para ellos la UDI era una tropa de amarillos (nótese que lo digo con minúscula para evitar confusiones). Lo que los caracterizaba era ser irreductibles a los compromisos. Ser “cabezas de pistola”, como gráficamente se dice en el norte.
Los recién llegados a Republicanos lo hicieron en pleno despliegue expansionista. No conocen la resistencia tozuda, sino el éxito electoral. Creen saber cómo hay que hacerlo para seguir acumulando poder. La idea de maniobrar con habilidad les es mucho más cercana.
Para los más nuevos lo que predomina es alcanzar un poder que se asoma muy próximo y lo demás debe quedar subordinado a este objetivo principal. En este ámbito se ubica lo que puede suceder en el Consejo Constitucional.
La idea de ceder para alcanzar acuerdos la entienden todos, la ubicación del punto en el que las convicciones tienen que replegarse ante las conveniencias no está para nada claro. Las discusiones continúan y en la frontera nadie cede.
Es propio del trabajo de comisiones especializadas el llegar a múltiples detalles que hay que zanjar con precisión quirúrgica y no parece estar establecido quiénes son los que estar a cargo de dirimir la situación.
Como el tiempo pasa y el número de entrampamientos crece, también la tensión ha empezado a acumularse porque se hace evidente la constante irresolución.
El Partido Republicano es jerárquico y disciplinado, pero el centro desde el cual emanan las decisiones no está radicado dentro del Consejo, sino en el líder del partido. Kast se ha mantenido a prudente distancia del proceso y no se ve que tenga ningún deseo de aparecer, visiblemente, ostentando su influencia.
De momento, los avances en el refinamiento del texto están todos referidos a los puntos de perfeccionamiento técnico, muy alejados de las zonas de conflicto.
Pero que nada avance en lo sustantivo no es algo neutro. El despeje de los nudos de discusión ha de ser pronto, tanto porque llega el punto en que se vota como también porque la indiferencia ciudadana está decantando al rechazo y eso se puede consolidar. Para cambiar la tendencia el último minuto es ahora.






