Política

Víctor Maldonado R.: Cambiar lo correcto por la comodidad

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

No nos están fallando las instituciones, sino sus protagonistas. No es que cometan grandes errores, más bien es que no hacen nada en grande. Se están convirtiendo en especialistas en evitar problemas. Es lo que queda evidenciado en la decisión del Senado de no realizar un homenaje a Salvador Allende.

No parece haber nada criticable, puesto que, en reemplazo, se procede como en años anteriores: habrá un minuto de silencio, tal vez una carta, las bancadas (por su lado) emitirán declaraciones. A 50 años, eso no basta.

Los que son consecuentes saben respetarse en la discrepancia. Es algo que hemos visto. El 4 de septiembre de 1990, ya recuperada la democracia, los restos de Salvador Allende fueron trasladados a un mausoleo en el Cementerio General, fue acompañado en el trayecto por una enorme multitud y quien se dirigió a ella en su calidad de Presidente de la República fue Patricio Aylwin.

En ese lugar y en esa ocasión, Aylwin partió diciendo: “yo fui adversario político de Salvador Allende, lo cual no me impidió respetarlo como persona, reconocer sus merecimientos, coincidir en muchas ocasiones y mantener con él relaciones amistosas”. El Presidente no se quedó allí, sin guardarse nada continuó: “Fui severo opositor de su gobierno, lo que tampoco nos impidió –ni a él ni a mí- dialogar en busca de fórmulas de acuerdo para salvar la democracia”.

Luego dijo lo que, para mí, es el mayor homenaje que un político le puede rendir a su país diciendo la verdad: “Debo decirlo con franqueza: si se repitieran las mismas circunstancias, volvería a ser decidido opositor. Pero los horrores y quebrantos del drama vivido por Chile desde entonces nos han enseñado que esas circunstancias no deben ni pueden repetirse, por motivo alguno”.

Su conclusión merece ser recordada: “Es tarea de todos impedirlo. Y lo impediremos en la medida misma en que desterremos el odio y la violencia, en que evitemos los sectarismos ideológicos y las descalificaciones personales o colectivas, en que sepamos respetarnos en nuestras diferencias y en que todos acatemos lealmente las reglas del juego democrático”.

Hoy lo problemático se difumina con diluyente. Habilidad a ras de suelo, sentido republicano en grado mínimo, procesamiento histórico de una tragedia con un silencio vergonzoso, conversión de un gran acontecimiento en algo pedestre.

Estamos confundiendo la normalidad con la mediocridad. Cuando se evitan decisiones trascendentes, el prohombre no es el héroe, sino el ladino, como es de ladinos no rendir un homenaje, como era ladino Pinochet, que era el único general que trataba de compañeros a los ministros de Allende, que a 36 horas se suma a un golpe que no organizó para convertirse en el mayor verdugo.

¿Qué tiene que ver no haber estado de acuerdo con Salvador Allende con no rendirle homenaje como el demócrata que fue y el Presidente que honró su cargo? Solo a una derecha con conciencia culpable se le puede ocurrir.

Para estar a la altura, hoy debiéramos poder decir lo que Aylwin señaló hace 33 años: “hemos aprendido de los errores que todos cometimos, para encaminarnos, con firme decisión, a superar el pasado doloroso, reconciliarnos y construir en conjunto el porvenir”. El Senado no fue capaz de tanto.

Comparte en:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email