El ideal al tener que producir la salida de un ministro es no acumular los costos propios de intentar mantenerlo y los problemas derivados de sacarlo a último momento. Sin embargo, fue eso lo acontecido con Giorgio Jackson.
El exministro protagonizó una puesta en escena impecable en su salida. Con control de sí mismo, en tono calmo y sin estridencias, hizo valer sus puntos de vista, dio razón de su renuncia y pidió dar paso, sin excusas, a las reformas.
El inconveniente no estuvo en la salida misma, sino en la oportunidad porque la mejor ocasión para dar el paso no es cuando ya es un consenso entre políticos y comunicadores de que no había alternativa. Los maestros de ajedrez abandonan el juego cuando todavía a casi nadie le parece necesario.
El mejor momento para resolver fue algún punto del pasado, anterior al robo de computadores. Tras un prolongado inmovilismo oficialista se paga el precio de una irresolución largamente arrastrada. Los que tuvieron que resolver mucho antes no lo hicieron, partiendo por Jackson y sin exceptuar a Boric.
Lo que interesa dilucidar es si quedarse a alojar en la zona de tiro era una necesidad que se justificaba o si no era un hecho inevitable. Un gobierno puede proteger a toda costa a una de sus figuras, a condición de que el ataque provenga del exterior y hay unidad interna en proceder de esa forma. Si no es así, ya no se sabe qué bien superior se estuvo protegiendo hasta la extenuación.
Con esta renuncia se consigue que una de las figuras del Frente Amplio se mantenga habilitado para desempeñar puestos públicos. En una enseñanza premonitoria para muchos, descubrirá que hay vida política fuera del gobierno.
Esta es la segunda figura del comité político que sale de La Moneda apenas concluido el primer tercio del mandato. Del diseño inicial poco queda y los invitados al poder en segunda instancia han adquirido el rol protagónico.
Ha salido el articulador de un diseño original que no pudo entregar una guía segura al ejercicio del poder. Es la aspiración fundacional la que está quedando convertida, dicho en positivo, en una moderada buena administración. La retórica está quedando a gran distancia de lo que es la gestión efectiva.
Al gobierno de Boric le será difícil ver aprobada parcialmente sus reformas. Incluso si las reformas pudieran ser despejadas muy favorablemente, la comparación le es adversa con otras administraciones de centroizquierda, partiendo por la de Patricio Aylwin.
Con Aylwin la reforma tributaria fue aprobada en el primer año, lo mismo que el nuevo Código del Trabajo; el crecimiento económico (de 7,3% promedio al año) convivió con una mayor equidad social, focalizando el gasto en los más pobres; se controló la violencia, pese a las tremendas tensiones.
El informe Rettig, de derechos humanos, se entregó antes de cumplir el primer año de gobierno. Fosis, Sernam, Conadi, Injuv, Prodemu e Integra son creaciones de los primeros meses. Nada mal para un gobierno de retórica moderada.
Lo comparo porque es analizar el desempeño al inicio de dos ciclos políticos, pero lo mismo se podría decir de otros gobiernos de centroizquierda con el que queramos cotejar. Lo que tenemos es menos que la medida de lo posible.




