El diálogo entre gobierno y oposición es de primera importancia, pero la mejor ocasión para implementarla no es cuando uno de los interlocutores importantes está de salida. Lo que se adelante necesita ratificación posterior.
La reunión de ayer es una partida falsa porque este mismo sábado RN tiene su elección interna entre tres listas muy competitivas. De no haber un claro ganador, habrá una segunda vuelta que se realizará el 2 de septiembre.
Las opciones de diálogo posterior con el gobierno difieren según quién sea electo. De Chahuán podemos esperar, por ahora, lo mismo que ha aportado en su presidencia: una contundente falta de contenidos. A partir de pocas semanas RN tomará un rumbo definido y eso cerrará o abrirá opciones de diálogo.
Además, las señales que se podían dar ahora son todas confusas, ya que la misma asistencia a la reunión ha sido parte del debate en la elección interna. Cada acción genera una reacción contraria. Habiendo sido invitada y atacada al mismo tiempo, era lógico que Chile Vamos reaccione a ambas cosas en su entrevista con Boric haciendo confuso el sentido de la invitación.
Asistir a La Moneda era un gesto obligatorio para quienes se quieren mostrar como actores políticos dialogantes, pero impedidos de ejercer ese rol por una supuesta intransigencia oficialista. Sin preparación previa, quienes asistieron a esta cita estaban más preocupados de cómo se interpretaría en sus propias filas su presencia en Palacio que llegar a concretar acuerdos con el Presidente.
Lo importante no ha pasado, está por pasar. Más que la combinación de críticas y frases de cortesía que se hicieron a la salida, interesa una decisión de fondo que se definirá pronto: la voluntad de la centroderecha de llegar a acuerdo por sobre el estilo de diplomacia apache con que ha sido tratada por Boric.
Lo anecdótico no prima sobre las definiciones estratégicas, que debe ser algo previamente definido. Como eso falta, esta cita es prematura. Todo tendrá sentido cuando Chile Vamos, o algunos de sus partidos, exprese su voluntad de mantener un perfil propio y una estrategia no subordinada, en los hechos, a lo que defina Republicanos.
Competir en radicalidad con el partido de Kast, como lo ha hecho la UDI, no es un intento destinado a tener éxito. Como no parece que el gremialismo altere su comportamiento, es RN quien tiene que resolver cuánto se desmarca.
Un partido o una coalición se justifica por aquello que tiene de propio y distintivo que otros no poseen. Si funcionan como copia, los electores se van a quedar siempre con el original. Republicanos seguirá erosionando su base de apoyo.
Nos acercamos a un momento de grandes definiciones. Todo parece calzar, con el gobierno ratificando su rumbo y haciendo cambios para persistir; con el Frente Amplio más interesado que antes en confluir tras la crisis; con la definición del PPD que establecerá si la centro izquierda buscará un perfil identificable y, ahora, con la posibilidad que RN levante cabeza nuevamente.
Antes de fin de año se tomarán las decisiones que determinarán el margen de maniobra del gobierno hasta el fin de su período. Ya no basta con contar votos, importa la habilidad demostrada y la efectividad en alcanzar acuerdos.






