Política

Víctor Maldonado R.: Pongamos los principios al principio

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

Nos estamos acostumbrando a realizar evaluaciones de casos puntuales como, por ejemplo, la actuación de la izquierda durante el estallido social, sin establecer primero los criterios con los que, antes y ahora, opera cada actor político.

Eso muestra el valor que tiene el declarar expresamente las convicciones democráticas que se tienen, las que no pueden ser relativizadas en ninguna circunstancia. A 50 años de un golpe de Estado esto es necesario.

Siempre existirán los francotiradores de coyuntura que todo lo vuelven un motivo para sacar una pequeña ventaja de cada discusión. Esto se hace bastante soportable si, en paralelo, un debate más de fondo se está dando.

Tiene importancia explicitar las convicciones siempre y poner los principios al principio de cualquier evaluación de coyuntura. Hay que prestar especial atención de los que tienen memoria de corto plazo y nada más.

Los que tienen memoria histórica con un alcance menor a los cinco años suelen afirmar que la izquierda buscó derribar a Piñera durante el estallido, lo que tuvo su expresión más gráfica en la acusación constitucional que se presentó en su contra. Vale la pena decir algunas cosas al respecto.

Convengamos en que cuestionar la actuación de un gobierno y de un mandatario no es lo mismo que cuestionar la vigencia de la democracia. En 2019 fue dura la discusión sobre la responsabilidad de gobierno en responder a una crisis que ni por asumo supo contener, pero la democracia misma no estuvo en cuestión.

Tómese en cuenta que estábamos ante un “estallido social”, no ante una “conjura política”. La izquierda fue tan sorprendida por la reacción ciudadana como cualquier otro sector. Los que creen otra cosa confunden el compartir las demandas con la participación en un proceso que no tuvo conducción central.

Por supuesto, lo primero en ser desbordado fue un gobierno que se aprestaba a enseñarle al continente cómo era que se podía gobernar en paz y orden en este oasis que era Chile. El estado de confusión inicial de La Moneda fue enorme.

Por otra parte, cuando el estallido no parecía tener límite, las movilizaciones masivas rompían marcas y los políticos eran evidentes espectadores y no conductores del proceso, no faltó el que se confundió en la izquierda.

Una parte de ella guarda siempre en su corazón la posibilidad de ver en su vida una nueva versión del asalto al Palacio de Invierno, así como otros quisieran que Pinochet se reencarnara y nos salvara ya no se sabe de qué, pero lo que importa no es lo que cada cual sueña, sino lo que cada uno hace.

No existen los procesos históricos puros y cristalinos, sin titubeos, errores ni omisiones. Pero, en el caso comentado, la secuencia es clara: estallido ciudadano, mal procesamiento político inicial, agravamiento de la crisis, búsqueda de alternativas institucionales y pacto político de salida por la paz.

Personalmente opinaba que la acusación constitucional contra Piñera era un error, pero acepto que era un instrumento institucional factible de emplear. Se evaluó, sancionó y desechó. Una mayoría transversal encontró otro camino más viable y pacífico. El Presidente que nos declaró en guerra dijo después que la salida fue idea suya y ahora dice que no es candidato. Sigue igual de sincero.

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