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Expertos en IA aseguran que «crea mejores trabajos» y no desempleo

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David Alvo partner de Flowcraft
Expertos sostienen que la inteligencia artificial no elimina empleos, sino que potencia equipos, automatiza tareas y mejora resultados.

Uno de los mitos que se ha ido sosteniendo en los últimos años es que la llegada de la Inteligencia Artificial (IA) a las empresas, organizaciones e instituciones públicas traerá indudablemente cesantía, ya que se reemplazarán muchas labores que hoy hacen cientos de personas.

Además, las cifras de la tasa de desempleo a nivel nacional, que se ubicó en 9,4% durante el trimestre móvil marzo-mayo de 2026, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), ayudan a sostener esta tesis, aún no comprobada.

Esto porque la cifra de cesantía representa el nivel más alto en casi cinco años y movió a la industria y a los gremios a buscar los factores de este dolor de cabeza para el Gobierno y los economistas.

Rápidamente, es fácil apuntar a las nuevas tecnologías como uno de los orígenes del estancamiento y retroceso en las cifras de empleo. Con celeridad aparece en esta búsqueda la Inteligencia Artificial como reemplazante de la mano del ser humano en muchos procesos de la actividad productiva.

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Más de mil doscientos millones de personas ya usaron alguna herramienta de Inteligencia Artificial, según el último Informe de Difusión de IA de Microsoft, publicado este año.

A internet le tomó una década alcanzar ese número de usuarios. Lo anterior demuestra lo inevitable de la introducción de esta tecnología en todos los sistemas que conviven en nuestro día a día.

IA NO ES UNA AMENAZA PARA LOS TRABAJADORES

“La IA no reemplaza a las personas, las potencia. El objetivo no es reducir equipos, sino liberar su capacidad para enfocarse en lo que realmente importa, eliminando el trabajo repetitivo que consume tiempo y energía. El resultado es eficiencia operacional real, no promesas de futuro”, comenta sobre los temores que enfrenta la IA en el mundo laboral David Alvo, partner de Flowcraft.

Esta es una consultora que él describe como “de transformación”, la cual ayuda a las empresas y organizaciones a integrar inteligencia artificial en su forma real de trabajo.

“No hacemos cursos genéricos. Trabajamos junto al equipo del cliente para construir, en pocos días, herramientas concretas de IA adaptadas a sus procesos: asistentes que responden preguntas internas, automatizaciones que eliminan tareas repetitivas, agentes que ejecutan flujos completos sin intervención humana”, destacó a EP el ejecutivo.

Alvo insiste en descartar que la IA sea una amenaza para el trabajador. Más bien, sostiene que lo empodera: “La mayoría de las empresas invierten en cursos de prompting que no escalan. Los empleados aprenden algo en un taller y vuelven a hacer lo mismo de siempre el lunes. Nosotros trabajamos distinto. No capacitamos individuos, transformamos equipos”.

“Al terminar un engagement con Flowcraft, el equipo sale con infraestructura real construida, llámese asistentes, automatizaciones y agentes que ellos mismos controlan, y con la autonomía para seguir construyendo después. Eso es lo que distingue resultados de entrenamientos”, agrega.

EL IMPACTO DEBE SER INMEDIATO

Los trabajadores y sus empleadores valoran principalmente la inmediatez del impacto en el proceso productivo, relata el experto: “No es teoría, es que el lunes siguiente hay algo funcionando en producción. Trabajamos con las herramientas que el equipo ya tiene, construimos junto a ellos, y eso genera dos cosas que el mercado tradicional de capacitación no da: adopción real y orgullo de equipo”.

“Los líderes que trabajan con nosotros no salen diciendo ‘aprendí sobre IA’, salen diciendo ‘ahora soy una máquina’. Esa diferencia es lo que convierte un workshop en transformación”, afirma.

“Oficina Virtual” crece hoy a un ritmo que supera los mil clientes nuevos al mes y se está expandiendo a tres países. A esa velocidad, sostener la atención comercial solo con contratación tradicional se vuelve casi imposible: el negocio simplemente no alcanza a crecer al ritmo que exige el mercado sin perder oportunidades en el camino.

La respuesta no fue el chatbot clásico de WhatsApp, el que responde “marca 1 o 2” y termina generando más frustración que ayuda. Es un agente de ventas con inteligencia artificial que conduce la conversación completa y cierra negocios.

En una de esas conversaciones, una clienta en Concepción reclamó porque su plan no incluía acceso a sala de reuniones en esa sucursal. El agente le dio la razón, ajustó la oferta y cerró bien la conversación. Ella agradeció dos veces, sin saber que hablaba con un sistema de IA.

DE OFICINA VIRTUAL A LA ASESORÍA LEGAL

Este es uno de los desarrollos construidos por Flowcraft, la consultora que dirige Alvo, bajo el mismo enfoque que describe en esta nota: usar la IA para sostener el crecimiento del negocio sin que la atención se convierta en un cuello de botella.

El mismo enfoque se repite con MIA, la asistente legal de Flowcraft. La promesa detrás de MIA es simple: democratizar el acceso a algo que en Chile históricamente ha sido caro y lento, una consulta legal básica.

Una consulta con un abogado por un caso puntual puede costar más de $150.000 y tomar una semana de espera. MIA responde ese tipo de consultas en minutos.

Detrás de MIA está “A un Toque Legal”, el estudio jurídico que respalda a la asistente.

No se trata de un estudio jurídico tradicional: A un Toque Legal lleva tiempo trabajando con tecnología e inteligencia artificial, lo que hizo natural la sociedad con Flowcraft. Uno aporta el criterio legal y el otro la infraestructura técnica.

Ambos ya venían pensando el problema desde el mismo lugar, lo que explica por qué la alianza funciona: no es un estudio jurídico aprendiendo IA sobre la marcha, sino dos partes que ya hablaban el mismo idioma antes de asociarse.

RESULTADOS CONCRETOS EN CASOS LEGALES

Los resultados concretos son la mejor evidencia. El propio Alvo ganó un juicio arbitral contra su isapre en tiempo récord, según reconoció la propia Superintendencia, gracias al uso de inteligencia artificial en la preparación del caso y sin pagar honorarios legales.

Otro de los socios de Flowcraft usó la misma herramienta para lograr que un banco le devolviera $600.000, después de que la entidad manejara mal un caso de fraude a su tarjeta.

Ese tipo de disputa no es un caso aislado. Frente a fraudes por clonación de tarjetas, es común que los bancos opten por litigar antes que resolver el reclamo como corresponde, apostando a que el cliente no tenga cómo sostener el caso.

En esta ocasión fue distinto: el banco, un neobanco, perdió gracias a un uso bien construido de tecnología para armar el caso con la solidez necesaria.

Ambos casos son, por ahora, de uso interno: los propios socios de la empresa están probando la herramienta antes de ofrecerla a cualquier persona.

Para Alvo, esa es justamente la lógica correcta de adopción: no lanzar algo al mercado masivo sin haberlo probado primero con quienes pueden dar cuenta de cada detalle si algo falla.

Alvo tampoco esconde los riesgos. Escalar un proceso mal diseñado con inteligencia artificial no arregla el problema, lo multiplica por mil. Pero quedarse fuera por miedo tiene un costo distinto y probablemente más caro: perder la ventana en la que la mayoría de las empresas todavía está decidiendo cómo entrar.

EXPERIMENTAR PARA MINIMIZAR LOS RIESGOS

La misma tensión ya se vivió con el motor eléctrico a fines del siglo XIX. Estaba disponible, funcionaba y cualquier fábrica lo podía comprar. Sin embargo, le tomó casi cuarenta años a la industria entender que no bastaba con cambiar la fuente de poder: había que rediseñar la fábrica completa alrededor de ella.

Las empresas que se demoraron no fueron las que fracasaron por usar mal la tecnología. Fueron las que nunca hicieron la prueba.

La invitación de Alvo no es adoptar inteligencia artificial sin control ni evitarla por precaución. Es realizar experimentos acotados, medibles y anclados al negocio real, antes de que la decisión la termine tomando el mercado.

 

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