Alza eléctrica: La tormenta perfecta que golpea con más fuerza al sur de Chile, se avecina. Y, eso que aún no se sienten en toda su expresión los efectos del mega sismo de la llamada «megarreforma».
A partir de este 1 de julio, muchos chilenos recibirán una boleta eléctrica que, a simple vista, parece un jeroglífico. Las autoridades nos dicen que es un «ajuste necesario», pero detrás de esa frase hay una realidad que nadie te explica: estamos pagando una deuda que no provocamos, bajo un sistema diseñado para que no entiendas por qué pagas lo que pagas.
El engaño de los números
Si vives en el norte, quizás respires aliviado al ver una leve baja en tu boleta. No te engañes: no es una rebaja, es un pequeño alivio después de años de haber sido la zona más castigada por tarifas abusivas. Si vives en el centro o el sur, el alza te golpea en el peor momento: el invierno.
¿Por qué es tan desigual? Porque el sistema está diseñado para fragmentarnos. Mientras unos celebran que «les subió poco» (4,9%) y otros sufren el 16% de alza en el sur, el sistema eléctrico asegura sus utilidades. El problema no es geográfico, es estructural.
La «Caja Negra»
¿Alguna vez has intentado entender cómo se calcula tu cuenta? Es imposible. Esa opacidad no es un error, es un método. Las empresas distribuidoras usan fórmulas tan complejas que ninguna persona común puede verificar si le están cobrando lo justo o si le están pasando la cuenta de ineficiencias, riesgos de mercado o deudas pasadas.
Lo más grave no es la tarifa, es el ausentismo del Estado. Las autoridades que deberían ser nuestro árbitro han decidido mirar para otro lado, actuando como meros notarios de las boletas. Han permitido que cada riesgo financiero de las empresas se traslade directamente a tu bolsillo. Si la empresa pierde dinero por un mal contrato o una mala gestión, ¿Quién lo cubre? Tú.
Y, esto no es nuevo, desde ya años se viene solicitando se renegocien los contratos leoninos con las generadoras eléctricas que afectan a la población. Pero, no se escucha padre, salvo como discursos grandilocuentes de elecciones, tales como no se recortarán beneficios o existirá un Estado eficiente y seguro para usted. ¿A quién le hablarán? ¿Metáforas o hipérboles?
La suma de todas las angustias
Esta alza no llega en el vacío. Se suma a los precios de la comida que no bajan, al costo del transporte tras el traspaso «sin filtros» del costo del combustible al bolsillo de la gente y eso que aún no se siente en toda su intensidad los efectos de la «megarreforma» que sigue asfixiando. Para muchas familias, este incremento no es «un ajuste», es la decisión forzada de dejar de comprar algo esencial para poder pagar la luz.
El sistema eléctrico chileno dejó de ser un servicio básico para transformarse en un impuesto al consumo. El Estado nos ha dejado solos frente a empresas que priorizan sus balances por sobre la calefacción de tu hogar.
Es hora de dejar de hablar de «cifras técnicas» y empezar a hablar de lo que realmente sucede: el modelo está diseñado para que el usuario sea el amortiguador de todas sus crisis. Y mientras el regulador siga en modo espectador, la cuenta la seguiremos pagando siempre los mismos.
Chile hoy se enfrenta a una realidad donde la energía, insumo básico de desarrollo, está en manos de un sistema que prioriza el equilibrio financiero de sus contratos por sobre el bienestar de los hogares. Si el Estado no retoma el control del control y exige una transparencia real, el conflicto seguirá escalando desde los números en la boleta hacia una crisis de legitimidad del modelo, cuyos costos políticos, esta vez, serán los más difíciles de estabilizar.
La Comisión Nacional de Energía (CNE), ya nos avisó. A partir del 1 de Julio a sumar un nuevo golpe al directo y sin anestesia al bolsillo.






