Tras el engaño y el quiebre de las confianzas con el ministro Jorge Quiroz, la pregunta que resuena en los pasillos de la bancada PPD no es técnica, sino existencial: ¿Volverías con tu ex? ¿se puede volver a confiar en quien ya te falló?
El escenario político ha mutado con una velocidad pasmosa. Lo que comenzó como un intento de consenso legislativo en torno a la Megarreforma, se ha desmoronado para dar paso a una dinámica transaccional que vuelve a poner en entredicho la ética del debate público. Así ha trascendido en esferas del propio PPD que estaría dispuesto a retomar el acuerdo, con «nuevas condiciones».
Lo ocurrido con Quiroz —quien retiró una indicación clave tras haber sellado un pacto— ha terminado por desnudar la fragilidad de nuestra política. La respuesta del PPD, quien estaría exigiendo una baja en los combustibles para retomar el diálogo, no ha hecho más que confirmar el mal síntoma que atraviesa el Congreso: el paso de la negociación política al mercadeo de ventanilla.
El «engaño» de Quiroz
La crisis de confianza tiene nombre y apellido: Jorge Quiroz. El giro del ministro, al retirar una indicación clave sobre el impuesto corporativo tras haber sellado un pacto político, no solo sorprendió a la oposición, También dejó a los tres senadores del PPD —quienes habían apostado su capital político por el respaldo a la reforma— en ridículo tras el engaño. Además, en una posición insostenible frente a sus propios pares y bases.
Lo que en un inicio se presentó como una negociación técnica para viabilizar el proyecto, terminó siendo interpretado por el PPD como una maniobra de mala fe. La respuesta de la bancada ha sido un golpe de timón tan drástico como revelador.
Pero, según fuentes bien informadas, nuevamente el PPD no reivindicó su dignidad mancillada, sino que estaría exigiendo una baja en el impuesto a los combustibles para retomar el diálogo.
La «política de ventanilla»
Tras el engaño, desde el PPD se había felicitado porque los senadores habían reaccionado. Ahora rechazarían el Megarreforma. Pero, esta nueva «voltereta» del PPD hacia un acuerdo de corto alcance, donde se condiciona una reforma estructural a una medida de impacto mediático inmediato, es el reflejo de una política que ha perdido el rumbo. Transforma el debate sobre la carga tributaria del país a un «toma y daca» por la bencina. Entonces, el mensaje que recibe la ciudadanía es lapidario. Los grandes temas nacionales se están usando como simples piezas de ajedrez para salvar la imagen de un partido o sostener la supervivencia de una cartera ministerial.
Este intercambio, es más propio de una negociación de regateo que de una sesión del Senado. Es precisamente lo que agota la paciencia del país. La política, en este caso, se ha despojado de su propósito de bien común. Se ha transformando en una gestión de intereses inmediatos donde el diálogo ha dejado de ser el medio para alcanzar soluciones, para convertirse simplemente en el precio que se paga por la lealtad partidaria.
En este contexto, cobran todo el sentido las palabras del senador DC Iván Flores. Este, ha sido tajante al caracterizar este momento. Según Flores, la Administración Kast ha entrado a un «libre mercado» donde todo tiene un precio. «No sabemos cuál fue el precio del PPD por haberse vendido a este intento de pirquineo que el gobierno ha estado intentando concretar. Y aparentemente encontraron un precio, no sé cuál es».
La pregunta de Flores desnuda la actual política que ha dejado de ser el arte de los consensos. Ha mutado en un «pirquineo» legislativo. La ciudadanía no ve aquí una búsqueda de bienestar común, No. ve una transacción donde las grandes reformas se usan como piezas de ajedrez para salvar la imagen de un partido o una cuestionada política.
Quiebre de largo alcance
Mientras el ministro Quiroz y el PPD intentan reordenar sus fichas, la verdadera víctima de este «timo» es la institucionalidad y la credibilidad pública.
La ciudadanía observa cómo los consensos se deshacen en horas y las prioridades se transforman según el nivel de urgencia política del momento. La pregunta que queda flotando no es si se aprobará o no la Megarreforma. La verdadera pregunta es cuánto daño le hace a la fe pública esta forma de entender la política donde, al final del día, todo tiene un precio y ninguna palabra parece ser definitiva.
Al cierre de esta nota, una declaración del presidente del PPD diputado Raúl Soto, señala que el rechazo a la megarreforma se mantiene. Mira aquí la 







