Internacional

Guerra de Trump en Irán ya cuesta US$43.600 millones

Mario López M.

Trump IA
Foto publicada en X por @dna
La cifra entregada por el Pentágono corresponde solo a parte del costo militar directo. A ella se suman daños todavía no cuantificados, más de US$100 mil millones adicionales pagados por los estadounidenses en combustibles y una factura económica que la guerra distribuyó por buena parte del mundo.

Guerra de Trump en Irán ya cuesta US$43.600 millones y, ese valor es solo la punta del iceberg.

La guerra contra Irán ya le costó al Pentágono al menos US$43.600 millones y la cuenta continúa aumentando. Esa es la cifra que el Departamento de Defensa entregó esta semana al Congreso estadounidense sobre el conflicto iniciado el pasado 28 de febrero.

El monto considera US$11.200 millones en gastos operacionales, entre ellos combustible, vuelos, personal, atención médica y repuestos. Otros US$28.100 millones corresponden a la reposición de municiones utilizadas y US$4.300 millones a equipos perdidos durante las operaciones. Pero los US$43.600 millones no representan el costo total de la guerra.

El propio cálculo entregado al Congreso deja fuera daños por miles de millones de dólares provocados en instalaciones militares estadounidenses de ocho países de Medio Oriente. Tampoco considera gastos diplomáticos, ayuda exterior, atención futura de militares heridos, compensaciones por discapacidad ni mantenimiento posterior de equipos utilizados durante el conflicto.

Una cuenta que sigue creciendo

El costo tampoco se detuvo el 3 de septiembre, fecha hasta la cual llega el cálculo del Pentágono. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que cada nuevo mes de enfrentamientos puede agregar entre US$2.000 millones y US$3.000 millones, dependiendo de su intensidad.

Otra estimación conocida este viernes agrega US$1.500 millones por combustible adicional, elevando a US$45.100 millones los desembolsos relacionados con las operaciones. Tampoco esa cifra incorpora los daños sufridos por bases e instalaciones estadounidenses. La guerra, sin embargo, tiene otra factura que no aparece en las cuentas del Pentágono.

El estadounidense también paga en la bomba

Desde el comienzo del conflicto, el alza de los combustibles ha trasladado parte importante del costo directamente al bolsillo de los ciudadanos.

Un estudio del Climate Solutions Lab de la Universidad de Brown calcula que los consumidores estadounidenses habían desembolsado a comienzos de septiembre más de US$100.000 millones adicionales en gasolina y diésel respecto de lo que habrían pagado en un escenario sin guerra. El promedio supera los US$750 adicionales por hogar.

El efecto tampoco termina cuando el automovilista guarda la manguera del surtidor. El diésel mueve camiones, maquinaria, transporte y buena parte de la distribución de productos, por lo que su encarecimiento termina trasladándose también a supermercados, servicios y otras actividades económicas.

De esa forma aparecen dos cuentas distintas. Una llega al Congreso desde el Pentágono y la paga el contribuyente mediante el presupuesto público. La otra aparece diariamente en el costo de vida de millones de estadounidenses.

La tercera factura la paga el mundo

Pero existe todavía una tercera cuenta y sus destinatarios viven mucho más allá de Estados Unidos e Irán. Antes de la guerra, alrededor de una quinta parte del petróleo y gas mundial transitaba por el estrecho de Ormuz. Este jueves apenas cuatro buques de carga atravesaron esa ruta, muy por debajo del promedio reciente, mientras las alteraciones también alcanzan al estratégico paso de Bab el-Mandeb.

El efecto se propaga. La FAO advirtió que las alteraciones del transporte de energía y fertilizantes están aumentando costos agrícolas a escala mundial. Los países importadores más vulnerables enfrentan riesgos de mayores precios de alimentos, menores rendimientos agrícolas y problemas de seguridad alimentaria.

UNCTAD lo resume mediante una cadena bastante sencilla: cuando se interrumpe una ruta marítima estratégica aumentan los costos de transporte y seguros; luego suben energía y alimentos; finalmente, el impacto alcanza las cadenas productivas y los presupuestos de los hogares.

La guerra ya desbordó incluso las fronteras iraníes. En Yemen, la última escalada vinculada al conflicto desplazó a unas 125 mil personas durante las últimas dos semanas, agravando una crisis humanitaria que llevaba años instalada.

Una guerra que debía ser corta

Donald Trump presentó inicialmente la campaña militar como una operación capaz de resolver rápidamente la amenaza iraní. Seis meses después, Estados Unidos entró en una guerra de desgaste y el Presidente volvió a decir esta semana que espera estar acercándose al final. Todavía no ocurre.

Irán mantiene capacidad de respuesta, las rutas energéticas continúan alteradas, los inventarios militares estadounidenses sufren presión y buena parte de los aliados europeos y asiáticos ha evitado incorporarse a una guerra iniciada sin consultarles.

Por eso, US$43.600 millones es una cifra enorme, pero también engañosamente pequeña. Es lo que hasta ahora puede contabilizar una parte del aparato militar estadounidense. Fuera de esa cifra quedan instalaciones dañadas, gastos futuros, combustibles más caros y efectos sobre transporte, producción y alimentos.

Y queda una cuenta imposible de reducir a dólares: la calidad de vida perdida por personas que nunca decidieron participar en esta guerra, pero igualmente terminaron pagándola.

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