Política

Kast aún es oposición y Republicanos se opone

Mario López M.

Kast conmemorar
Foto: Publicado en X por @joseantoniokast
El presidente Kast aún no se percata de que es presidente y no candidato. Sus partidarios tampoco asumen que son gobierno y, entre ellos, también se comportan como oposición.

Republicanos nació para impugnar al poder y llegó a La Moneda sin terminar de abandonar esa lógica. Mientras José Antonio Kast sigue recurriendo al gobierno anterior para explicar sus dificultades, sus ministros acumulan errores no forzados y el partido que fundó comienza a mostrar fracturas internas. Kast aún es oposición y Republicanos se opone.

José Antonio Kast lleva seis meses gobernando Chile, pero Gabriel Boric continúa sentado, metafóricamente, en una esquina de La Moneda.

El Presidente recurre con frecuencia a la administración anterior para explicar problemas actuales, comparar resultados o justificar decisiones. La herencia recibida existe y ningún gobierno parte con una hoja en blanco. Pero llega un momento en que gobernar exige cambiar la pregunta desde “¿qué hicieron ellos?” hacia “¿qué estamos haciendo nosotros?”.

Republicanos enfrenta la misma transición. Durante años construyó buena parte de su identidad denunciando inseguridad, inmigración irregular, deterioro económico y pérdida de autoridad. Era un partido diseñado para la oposición. Ahora tiene que demostrar que también fue diseñado para gobernar.

Seguridad: de bandera a problema

Pocas materias permiten observar mejor esa dificultad que la seguridad pública. Fue una de las principales promesas de Kast. Sin embargo, en mayo, cuando el Gobierno llevaba más de dos meses instalado, la entonces ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, reconoció que no existía todavía un nuevo plan completamente elaborado y que trabajaban sobre instrumentos heredados de la administración anterior.

El Gobierno presentó finalmente en junio su Plan Operativo de Seguridad Pública 2026-2030, con 65 medidas. Pero el problema dejó de ser solamente la ausencia inicial de una estrategia propia.

En agosto, el Ejecutivo presentó una reforma constitucional que buscaba ampliar considerablemente las facultades presidenciales en seguridad, permitir el despliegue militar y modificar controles institucionales. La propuesta recibió cuestionamientos desde la academia, la judicatura y la política. También desde la derecha.

Evelyn Matthei calificó como equivocada la utilización de militares en tareas para las cuales no están preparados. Parlamentarios oficialistas cuestionaron aspectos del proyecto y el Gobierno terminó enfrentando dificultades incluso para ordenar a sus propios votos.

El episodio mostró algo más que una reforma mal diseñada. Una iniciativa central para la agenda presidencial llegó al Congreso sin que La Moneda hubiera conseguido previamente alinear a su propio sector.

Ministros con cuerda larga

Kast ha defendido expresamente la autonomía que entrega a sus ministros. Cuando comenzaron los cuestionamientos por declaraciones y actuaciones contradictorias dentro del gabinete, explicó que permite que sus secretarios de Estado expresen sus posiciones y desarrollen su trabajo, reservándose para él la decisión final.

La fórmula tiene una ventaja evidente: entrega espacio a los ministros. También tiene costos. La reforma constitucional de seguridad avanzó hasta convertirse en un problema político antes de que el Presidente interviniera para defenderla y ordenar el debate. Otros ministros han abierto controversias que posteriormente La Moneda debió contener.

En agosto, dirigentes del propio oficialismo comenzaron a hablar públicamente de falta de conducción política. No fue la oposición quien instaló esa crítica. La pregunta dejó entonces de ser cuánto delega Kast. Pasó a ser cuándo interviene.

Un Presidente no necesita redactar cada proyecto ni revisar cada declaración ministerial. Pero la conducción política supone establecer límites antes de que los conflictos lleguen a la portada, no solamente administrar sus consecuencias después.

Kast vuelve a estar en campaña

Cuando esos conflictos aparecen, el Presidente suele recurrir a una herramienta que conoce bien: la comunicación directa. Durante seis semanas concedió seis entrevistas radiales. Según un recuento publicado por T13, cinco estuvieron marcadas por la necesidad de responder o contener controversias surgidas dentro del propio oficialismo.

En dos de esas ocasiones, Kast no encabezó el comité de seguridad porque se encontraba precisamente participando en entrevistas. No es un detalle menor para un Presidente que hizo de la seguridad una de las razones fundamentales de su llegada a La Moneda.

Kast sigue siendo un comunicador político eficaz. Explica, confronta y defiende sus posiciones con habilidades cultivadas durante años de campaña. El problema es que ahora ocupa un cargo en el cual comunicar la solución viene después de conducirla.

Republicanos sin Kast

Mientras el Presidente aprende esa diferencia, el partido que creó enfrenta su propio problema. Kast abandonó formalmente Republicanos al asumir la Presidencia. Arturo Squella quedó al frente de una colectividad que debe respaldar al Gobierno y, al mismo tiempo, demostrar que posee existencia política propia.

Las primeras grietas ya aparecieron. En Ñuble, 40 dirigentes y militantes presentaron conjuntamente su renuncia. Acusaron centralismo, “dedismo” y pérdida de influencia de las bases en las decisiones partidarias. En Antofagasta salieron dos concejales. En Coquimbo la dirección nacional disolvió la mesa regional y designó una conducción provisoria. También surgieron conflictos internos en Los Ríos y Los Lagos.

No constituyen todavía una estampida. Precisamente por eso los conflictos resultan interesantes: no estamos observando todavía un partido que desaparece, sino uno que descubre las tensiones del poder.

Los cargos también gobiernan a los partidos

Desde la oposición, una colectividad distribuye candidaturas, cargos internos y espacios partidarios. Desde el Gobierno aparece otro universo: ministerios, subsecretarías, seremías, delegaciones, asesorías y capacidad de influir sobre decisiones estatales.

Eso modifica inevitablemente las relaciones internas. Las denuncias de “dedismo” y centralismo que aparecen desde las regiones republicanas tienen lugar precisamente cuando el partido pasó de disputar el poder a participar de su administración.

Aquí aparece una semejanza estructural —no ideológica— con experiencias políticas recientes. La Lista del Pueblo consiguió una representación electoral extraordinaria sin desarrollar una organización capaz de sostenerla. Desapareció. El Frente Amplio tuvo mucha más estructura, pero también debió aprender desde el Gobierno aquello que la oposición no enseña. Sus principales organizaciones terminaron fusionándose en un partido único mientras administraban el Estado. Republicanos enfrenta ahora su propia prueba.

Un partido nacido alrededor de Kast

Existe, además, un dato especialmente revelador en las actuales renuncias republicanas. Algunos militantes que abandonaron la colectividad reafirmaron simultáneamente su respaldo al Presidente. Se van de Republicanos, pero no de Kast.

La diferencia permite preguntar cuánto de la adhesión conseguida durante estos años pertenece al partido y cuánto continúa dependiendo personalmente de su fundador. Kast, entretanto, necesita recorrer el camino inverso. Ganó la Presidencia con muchos más votos que los que Republicanos puede considerar propios y ahora debe gobernar también para quienes nunca pertenecieron a su proyecto político original.

El Presidente necesita dejar de ser solamente el líder republicano. Republicanos necesita aprender a existir sin necesitar permanentemente a Kast.

La oposición que apareció dentro

Hay una última paradoja. Kast no enfrenta hoy una oposición particularmente articulada. La izquierda continúa procesando su derrota electoral y todavía no logra construir una conducción común capaz de disputarle sistemáticamente la agenda.

Sin embargo, el Gobierno acumula conflictos. Algunos nacieron de sus ministros. Otros surgieron entre  los partidos que lo respaldan. Ahora aparecen también dentro de Republicanos. Kast pasó años preparándose para derrotar a una oposición que estaba fuera. Llegó a La Moneda y la derrotó.

Seis meses después, parte de la oposición que necesita resolver comienza a encontrarla dentro de su propio Gobierno y del partido que fundó. Quizás por eso José Antonio Kast todavía no termina de salir de la oposición.

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