Las hadas madrinas neoliberales cobran en dólares
Según las apariencias, los actores políticos están pensando en la Constitución; en realidad, están concentrados en la campaña.
Se están preocupando de acumular argumentos a favor de sus respectivas posiciones. Lo más escaso es la duda.
Las declaraciones de los dirigentes que dicen estar esperando el texto final tienen menos credibilidad que directivo de Democracia Viva.
Porque las decisiones están tomadas, cada cual busca las mejores posiciones a fin de desplegar las campañas apenas se abra la oportunidad.
Las miradas equilibradas se han dado vacaciones.
Lo que vamos a empezar a vivir dentro de pocos días solo se explica por el convencimiento compartido de que el plebiscito lo ganará el que logre atraer la atención de los votantes, mucho más que por los méritos intrínsecos de un texto.
El efecto que se consigue es que todo el tiempo pareciera que las campañas se estarán concentrando en aspectos secundarios, pero, como ganar es lo que importa, lo secundario es relevante y aquello que concita mayor atención.
Como resultado, la etapa final de este proceso perderá bastante de su prestancia previa y hasta de las buenas maneras que han abundado hasta ahora.
Las hadas madrinas neoliberales cobran en dólares
Esa sensación ya se había instalado en el Consejo Constitucional. Cuando, suceda lo que suceda y dígase lo que se diga, igual se llega a la consabida votación 32 a favor y 17 en contra, es evidente que la frontera política se ha vuelto pétrea.
En la campaña de la oposición las palabras más recurrentes, como “exención del pago de contribuciones”, se repetirán mucho más que “sistema electoral”, aunque el efecto del primero se consume con la campaña y lo que mayor efecto político tenga sea lo segundo.
Es en la táctica, no en el fondo, donde se está poniendo la mayor dosis de inteligencia.
Republicanos no ha cedido en ninguna de sus posiciones identitarias y si ha negociado con alguien, ha sido consigo mismo.
Allí donde se pueden encontrar las mayores críticas a su posición, como en el caso de la objeción de conciencia institucional, ha permitido que el texto aprobado concluya sin la palabra “institucional”, con lo que queda deliberadamente ambiguo.
Lo suficiente como para que se pueda argumentar en forma plausible cuando lleguen los litigios. Cuando no se puede ganar a lo menos se empata.
Un comportamiento semejante requiere de un pormenorizado cálculo previo para asegurar la aprobación. Igualmente pueden equivocarse, pero no será a causa del mucho improvisar.
Las propuestas más emblemáticas, las que mejor serán aprovechadas en la campaña, son las de más improbable implementación.
Es lo que ocurre con la expulsión de migrantes en situación irregular
“en el menor tiempo posible”. Suena a salida inmediata, pero eso nunca puede ocurrir tal cual, tratándose de personas a las que hay que respetar sus derechos.
Hablamos de propuestas que tienen buena venta, pero difícil implementación. Su propósito no consiste en lograr una ejecución plena, sino en atraer hasta que se termine de votar.
Esta campaña comunicacional se inspira en la hada madrina de la Cenicienta, puede convertir una calabaza en carroza, pero solo hasta medianoche. En la versión neoliberal la hada madrina cobra en dólares.





