Política

Es el cultivo de las hostilidades lo que deja a la derecha sin futuro

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

La derecha ha anunciado que ni siquiera va a responder la última propuesta de Mario Marcel, quién ha tomado la iniciativa buscando concretar un Pacto Fiscal, que es el término que usa el oficialismo para referirse a un conjunto de temas de mayor envergadura: gasto fiscal, inversión y tributación, entre otros.

Esta decisión importa porque lo rechazado es un proceso de acercamiento, no una propuesta específica, sino cualquier proposición significativa que provenga del gobierno. Es una negativa anticipada a la idea de dialogar.

Un rechazo tan radical está lejos de cerrar la conversación, abre otros temas todavía más profundos porque nada justifica la eliminación de un negociador irremplazable en los acuerdos y tampoco se ofrece una alternativa mejor para evitar la confrontación pura y simple.

El portazo no es con estrépito. Simplemente se dice, cuando ya se acercaba el momento de los compromisos concretos, que no se tenía contemplado firmar un documento con el gobierno. Lo que se hará es esperar que lleguen las propuestas por la vía de los proyectos de ley y será en la tramitación en el Parlamento, donde se analizarán los contenidos de cada iniciativa.

Lo anodino de la fórmula empleada no quita la notificación de que, de ahora en adelante, ya no se trabajarán iniciativas comunes.

El mismo sector político que abogó por un procedimiento rápido y colaborativo en el caso de seguridad, ahora encuentra que este mecanismo no se aplica a otros temas de interés. Sabe lo que se puede esperar de una coordinación expedita, es que antes estaba dispuesta a la confluencia y ahora no.

No se sale de las crisis relegándose a tratar únicamente los asuntos de la contingencia sin ampliar el horizonte. A estas alturas, toda conversación seria en materias políticas y económicas trascienden en sus repercusiones a la duración de este gobierno y por eso no puede quedar limitado al juicio que le merezca a la oposición el desempeño del oficialismo.

El futuro es un sitio en donde todos los actuales involucrados desean ocupar un espacio, ojalá prominente. Mejorar con suficiente anticipación las condiciones en que el Ejecutivo sirve al bien común importa. Es algo que deben buscar aquellos que tienen confianza en el papel que tendrán en los próximos años.

Al dar un corte anticipado a la búsqueda de acuerdos que estaba muy avanzada, la oposición no está afectando al gobierno en lo inmediato, sino que limita el desempeño futuro de nuevas autoridades que ni siquiera han asumido.

Se trata de un error básico. Tras su última derrota presidencial, la dirigencia de los partidos de derecha evaluó lo sucedido y se comprometió a no comportarse con sus adversarios tal como ellos acababan de ser tratados. Fue la promesa de escapar a una espiral de desgaste mutuo garantizado.

Cometer errores requiere sufrir de amnesia. Las buenas intenciones le duraron lo que tardó en producirse su recuperación electoral. La derecha no puede ser criticada por defender sus posiciones, pero sí se le puede enrostrar que lo haga tan mal. Nadie que atenta contra sus propios intereses se está mostrando capaz de asumir mayores responsabilidades.

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