MOP Atacama se perdió hasta en el mapa. Una gráfica oficial ubicó localidades donde no correspondían. Tras las críticas fue corregida, pero la nueva versión volvió a contener errores y dejó fuera a Vallenar. El problema está en quién genera y quién revisa la información que entrega el Estado. En la inoperancia.
Un mapa destinado a orientar a quienes visitan el Desierto Florido terminó mostrando algo distinto: Narnia u otro lugar imaginario. La falta de control sobre la información que los organismos públicos entregan a la ciudadanía les pasó la cuenta.
La historia comenzó a quedar expuesta públicamente el miércoles 16 de septiembre, cuando una publicación en X denunció los errores de una gráfica difundida por el MOP Atacama para promocionar el fenómeno natural. Un día después, ADN Radio daba cuenta del problema y este viernes Atacama Noticias reconstruyó las distintas versiones del mapa.
No eran diferencias cartográficas menores. Huasco aparecía prácticamente donde se encuentra Vallenar; Carrizal Bajo había abandonado imaginariamente la costa para internarse en el territorio y Freirina también figuraba desplazada de su ubicación real.
Chile seguía en Sudamérica y Copiapó y Caldera, al menos en aquella primera versión, estaban donde debían.
Se perdieron por segunda vez
La publicación fue eliminada después de los cuestionamientos y apareció una nueva gráfica destinada a corregir los errores. Pero la brújula volvió a fallar.
Huasco regresó a la costa y Freirina se acercó a su ubicación correcta. Esta vez, sin embargo, Caldera apareció considerablemente alejada del Pacífico y Vallenar simplemente desapareció del mapa. La segunda versión fue difundida en redes sociales vinculadas al MOP Atacama y Sernatur. Según los antecedentes publicados por ADN Radio y medios regionales como Atacama Noticias, los comentarios de la publicación en Instagram estaban desactivados.
Finalmente apareció una tercera imagen con las localidades correctamente ubicadas. El problema, sin embargo, ya estaba instalado. La primera publicación había superado los controles sin que nadie detectara errores geográficos evidentes. La segunda apareció cuando esos errores ya habían sido denunciados y, pese a ello, tampoco fue suficientemente revisada antes de ser difundida.
MOP: Un ministerio que trabaja sobre el territorio
El episodio resulta particularmente llamativo por tratarse del Ministerio de Obras Públicas. Caminos, rutas, puentes y conectividad forman parte cotidiana de su trabajo y obligan a sus reparticiones regionales a relacionarse permanentemente con el territorio.
De hecho, apenas días antes del episodio, el propio MOP había puesto en servicio un puente mecano en Freirina para recuperar la conectividad hacia Punta del Viento. La actividad fue encabezada por la seremi de Obras Públicas de Atacama, Paula Guerrero Zaro.
Guerrero es la máxima autoridad regional del ministerio. Ingeniera civil industrial e ingeniera en Computación e Informática, encabeza una estructura que, según el organigrama oficial del MOP Atacama, cuenta además con unidades de Comunicaciones, Gestión Ambiental y Territorial y Técnica. No estamos, por tanto, frente a un organismo ajeno al conocimiento territorial de la región.
El problema no estaba en el mapa
La equivocación inicial podía corregirse. Precisamente para eso existen las rectificaciones. Lo difícil de explicar es que, una vez advertidos los errores, una segunda versión volviera a difundirse con información incorrecta.
Porque alguien generó o encargó la gráfica. Alguien la recibió. Alguien debía comprobar la información y alguien finalmente permitió que se difundiera desde canales institucionales. No hacía falta un cartógrafo para descubrir que Caldera está junto al mar, que Carrizal Bajo es una localidad costera o que Vallenar no puede desaparecer de la Región de Atacama.
Bastaba mirar un mapa. Por eso el episodio supera la anécdota de unas localidades colocadas donde no correspondían. Lo que queda expuesto es la cadena de generación, revisión y control de la información que un organismo público entrega bajo su nombre.
La pregunta, entonces, no es cómo se equivocó una gráfica. Es cómo nadie advirtió el error antes de publicarla y cómo, después de advertido, consiguieron equivocarse de nuevo. Quizás la respuesta obligue simplemente a reconocer la presencia de una ignorancia supina.






