Todos apoyamos al gobierno, a este o al que puede venir. Frente al futuro tenemos una duda y una certeza.
La duda es saber quién podrá ganar la elección presidencial, aunque es tendencia mundial el hastiarse rápido de quienes gobiernan en tiempos difíciles en beneficio de sus opositores.
La certeza es que sin importar quien sea el próximo ganador, la nueva gestión sucumbirá también al ciclo de desilusión de no recibir un país sin que los problemas en crisis abierta se encuentren básicamente canalizados.
Altruistas y egoístas podrán coincidir en que se necesita que el actual gobierno aumente la efectividad en sus acciones para que la gobernabilidad del país empiece a ganar terreno.
La ayuda y la autoayuda aquí coinciden
Para definir las iniciativas a abordar en el futuro próximo resulta clave evaluar la gravedad de los problemas que afrontamos y lo que se puede conseguir en el resto del gobierno de Gabriel Boric.
Hasta el más egoísta puede llegar a la conclusión de que ha terminado el lapso más fecundo de esta administración.
Las iniciativas que se presentan en el primer año pueden ser aprobadas en el segundo y, si se cuenta con buena fortuna y con suficiente dedicación, alcanzan a ser implementadas y mostrar sus primeros frutos a los ojos de la ciudadanía antes de abandonar La Moneda.
Se siembra, no se cosecha
A partir de ahora, iniciativas y resultados ya no alcanzan a coincidir dentro de esta misma administración.
Los efectos positivos que se generan impactarán de lleno en el gobierno siguiente. Hay muchas razones para colaborar, pero nuestro futuro común no será mucho mejor si no empezamos pronto.
El destino de cada actor político depende de lo que logre con sus propias acciones más que del desgaste que le produzca el ataque de sus adversarios.
En política son mucho más frecuentes los suicidios que los asesinatos
Aunque es difícil, un gobierno de minoría puede mostrar una buena gestión si suple con habilidad y realismo lo que no le otorga su respaldo.
Lo que no se puede tener es un gobierno dividido que funcione bien o que siquiera funcione.
Esta ha sido una administración que ganó primero y se intentó ordenar después. Muchas decisiones necesarias para echarlo a andar ni siquiera habían sido conversadas.
El gobierno de Boric es heredero de una coalición que inicia una campaña y de otra distinta que se fue sumando en el camino. Así que no es que el orden sobreabunde.
Todo esto ya es agua pasada
Este gobierno entró con confianza, tropezó con estrépito, contrapuso un discurso vago a problemas precisos, tuvo que reordenarse más de una vez, se empezó a hacer cargo a veces bien y otras no, pero a estas alturas, es lo que es. Le toca decidir cómo quiere terminar siendo.
Ya no se puede tener dos respuestas distintas para cada dilema importante. El oficialismo es débil porque no negocia presentando un frente común.
No es que cuando se ayuda a sacar el gobierno a flote sea el oficialismo el único que gana
Lo que se potencia dentro de la derecha es su opción dialogante, porque todas las opciones moderadas dependen de lograr acuerdos constructivos.
La alternativa no ha de ser el pasar del diálogo a la intolerancia, sino entre énfasis entre quienes dialogan.




