Sabemos que el periodo electoral ha llegado porque tenemos la sensación de enfrentar muchos acontecimientos en acelerada sucesión. Se trata de un espejismo, no es que pasen más cosas, es que prestamos más atención a los detalles y, ante ellos, esperamos las reacciones inmediatas de todos los actores.
En este ambiente es fácil cometer errores, dada la aparente premura por fijar posición. Muchos piensan menos y hablan más, y esa es una combinación explosiva. Es ahora cuando hay que reflexionar dos veces antes de hablar.
Quiénes tienen más experiencia en política no se dejan llevar por la vorágine, respetan sus propios tiempos. Por ejemplo, los partidos políticos aún no toman decisiones formales respecto del próximo plebiscito constitucional.
Difícilmente alguno nos sorprenderá con lo que resuelvan, pero saben que hay momentos para tomar posición, previo a lo que se prefiguran los principales escenarios a enfrentar y se preparan argumentos y contraargumentos.
Los que se adelantan mucho no es que sean tan astutos que descollen por su capacidad de decisión. Es posible que sean ingenuos que se las dan de zorros, que estén hablando antes de tiempo o hablando cuando no deben.
El caso de Ricardo Mewes, presidente de la CPC, es emblemático. Se trata de un dirigente gremial que tomó posición respecto del nuevo texto constitucional antes que los partidos y antes de que el texto esté terminado. Lo hizo como si fuera la cosa más natural del mundo (señal inequívoca de que la lengua va más rápido que el pensamiento), cuando lo que consigue es desvirtuar el rol que le toca jugar. Habló con el sentido común de un círculo en que la opción política se entiende tan próxima a la actividad gremial que se cruza la frontera sin siquiera percibirlo. Un gremio, sin embargo, le habla al país, no a sí mismo.
Las cosas han cambiado, Chile es más diverso, se ha internacionalizado más, se está siempre bajo el escrutinio público de los pares y quien está en un puesto de responsabilidad puede criticar o asumir posiciones, pero debe saber que recibirá respuestas de todos y no siempre halagüeñas.
Es una gran noticia saber que el empresariado moderno está teniendo rostro y liderazgo. Rosario Navarro, la presidenta de la Sofofa, no pudo ser más clara al decir que “no es rol de un dirigente gremial estar hablando a favor o en contra de una Constitución”. Nótese que el asunto central es el rol que se desempeña, no la opinión. Navarro puede pensar igual que Mewes, pero otra cosa es que lo diga desempeñando el papel que tiene.
Un gremio representa a personas que pueden pensar diferente en política, pero que están reunidos por un mismo interés de bien común sectorial. De nada sirve entrar en el terreno de lo políticamente opinable, que tiene donde expresarse, cuando se entra en polémica con parte de quienes hay que trabajar en conjunto.
Los que piensan como en un barrio chico nunca salen del barrio pequeño, pero Chile no se tiene que distinguir en el mundo por su tamaño, sino por la capacidad de sus actores públicos y privados de trabajar en colaboración. Compite mejor fuera el país en el que más se colabora dentro y ese es el factor clave de la confianza. Nadie lo puede desperdiciar, ni siquiera porque no se dé cuenta de lo que hace.




