Reforma de Seguridad: Senado pide a Kast hacerse a un lado. La presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), pidió al Ejecutivo dejar que la Cámara Alta “siga encauzando” una reforma que aún no reúne los 29 votos necesarios. El llamado llega después de semanas de cuestionamientos incluso oficialistas y mientras el Congreso busca salvar el proyecto modificando precisamente algunos de sus puntos centrales.
“Es el Senado el que está encauzando la discusión, específicamente la Comisión de Constitución”, afirmó Núñez este sábado. Luego recordó una realidad que ha perseguido al Gobierno desde que presentó la iniciativa: necesita 29 votos para aprobarla y todavía no los tiene.
La senadora Paulina Núñez fue todavía más explícita. “Yo espero y le pido al Ejecutivo que deje que el Senado siga encauzando esta discusión”, señaló, junto con reclamar “realismo legislativo”. La advertencia adquiere un peso especial porque no proviene de la oposición, sino de una militante de RN que ocupa la presidencia de la Cámara Alta.
Una reforma que perdió piezas en el camino
Cuando el Ejecutivo ingresó la iniciativa el 17 de agosto, una de sus principales novedades era la creación de un quinto Estado de Excepción Constitucional de Seguridad Pública. El Presidente podría decretarlo inicialmente por 120 días y prorrogarlo por otros 120 sin autorización previa del Congreso, junto con facultades extraordinarias que rápidamente despertaron reparos políticos y constitucionales.
La resistencia no quedó limitada a la oposición. Parlamentarios de Chile Vamos cuestionaron aspectos centrales y el propio senador republicano Arturo Squella terminó abriéndose a modificar el proyecto. El Gobierno debió rebajar su urgencia después de comprobar que no tenía los votos suficientes para sacarlo adelante.
Entonces entraron al taller los senadores Andrés Longton (RN) y Squella, presidente del Partido Republicano. El resultado de ese trabajo permite dimensionar cuánto ha cambiado la propuesta: salen el quinto estado de excepción como estaba concebido y las interceptaciones telefónicas; se reducen los plazos y el Congreso recupera capacidad de control.
Longton lo resumió sin demasiados eufemismos: del proyecto original “queda poco”. Según explicó, si el corazón de la reforma estaba compuesto por el nuevo estado de excepción y los regímenes penitenciarios especiales, después de las modificaciones apenas “sobrevive una mitad del corazón”.
Kast necesitaba 29 votos
El problema que obligó a ese rediseño es fundamentalmente político. Para aprobar la reforma constitucional se requieren 29 senadores y el oficialismo necesita sumar votos opositores.
Por eso las conversaciones dejaron de consistir solamente en convencer a quienes dudaban del proyecto y comenzaron a modificar aquello que provocaba las dudas. Longton y Squella iniciaron contactos con el presidente de la Comisión de Constitución, Pedro Araya (PPD), y con parlamentarios de otros sectores, mientras incorporaron incluso una propuesta de la presidenta del PS, Paulina Vodanovic, sobre regímenes especiales de seguridad penitenciaria.
La fórmula resulta reveladora. Para conservar la reforma, el oficialismo está dispuesto a desprenderse de una parte importante de la reforma original. El propio ministro de Seguridad, Martín Arrau, terminó reconociendo ese margen cuando se abrió a la fórmula impulsada desde RN: “No nos enamoramos de nuestra idea”. Para entonces, la iniciativa llevaba semanas sin conseguir siquiera iniciar normalmente su discusión en la Comisión de Constitución por falta de acuerdo político.
“Ya no estamos en instalación”
Núñez agregó este sábado una crítica que supera al proyecto de seguridad y alcanza la conducción política del Ejecutivo. A su juicio, escuchar a los parlamentarios facilita los acuerdos y el Gobierno debe comprender que terminó el período en que la falta de experiencia podía explicar determinados tropiezos. “Llegó el momento de entender que ya no estamos en una etapa de instalación”, sostuvo. Ahora, agregó, corresponde entrar en una fase “de gestión, de resultado”.
La diferencia no es menor. Núñez contrastó los problemas de coordinación de la reforma de seguridad con el proyecto de Mercado de Capitales, donde destacó que sí ha existido diálogo y acuerdos suficientes como para proyectar su despacho durante este año. El mensaje, por tanto, no parece dirigido contra la agenda de seguridad del Gobierno. Apunta a la manera en que La Moneda intentó conducirla.
Los contrapesos hacen su trabajo
Hay además una paradoja institucional difícil de soslayar. La reforma original pretendía entregar al Presidente nuevas y amplias facultades constitucionales para enfrentar amenazas a la seguridad, disminuyendo durante períodos prolongados la intervención previa del Congreso.
Fue precisamente el Congreso el que puso el freno. Y no únicamente la oposición. Senadores del propio oficialismo cuestionaron el diseño, obligaron a negociar y terminaron recuperando para el Poder Legislativo parte de los controles que la propuesta original disminuía.
Kast sostuvo durante semanas la necesidad de avanzar con su reforma. El Senado parece dispuesto a hacerlo, pero bajo otras condiciones y con un texto sustancialmente diferente. Si finalmente consigue los 29 votos, La Moneda podrá contabilizar una reforma constitucional aprobada dentro de su Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo.
Pero tendrá una dificultad para presentarla como aquella que envió al Congreso. Porque después de semanas intentando convencer al Senado de aprobar la reforma de Kast, el Senado terminó pidiéndole a Kast que lo deje reformar la reforma.







