La administración del Presidente José Antonio Kast enfrenta uno de sus momentos más complejos desde su llegada a La Moneda.
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La polémica por las rebajas de condenas a personas sentenciadas por delitos graves, el deterioro de su aprobación ciudadana y las diferencias al interior del oficialismo han instalado un escenario de tensión política que comienza a poner en cuestión la conducción del Ejecutivo.
A ocho meses del inicio de su mandato, el Gobierno enfrenta cuestionamientos que ya no provienen únicamente de la oposición. Desde sectores de Chile Vamos y del propio oficialismo han surgido críticas al manejo de la crisis y exigencias para realizar ajustes en el equipo político de La Moneda, mientras el Mandatario insiste en mantener a sus ministros.
Uno de los principales indicadores de este deterioro está en las encuestas. La última medición de Criteria, cuyos resultados fueron publicados este domingo 8 de noviembre, mostró que Kast registra un 24% de aprobación y un 67% de desaprobación, cifras que representan sus peores resultados en la serie de mediciones de 2026. El sondeo fue realizado entre el 5 y el 6 de noviembre, con 802 entrevistas a personas mayores de 18 años.
La distancia entre ambas evaluaciones alcanza los 43 puntos porcentuales, reflejando las dificultades del Ejecutivo para sostener el respaldo ciudadano durante las últimas semanas.
LAS ENCUESTAS Y EL DETERIORO DE LA APROBACIÓN
Los resultados de Criteria no son un hecho aislado. La encuesta Plaza Pública Cadem, publicada el 1 de noviembre, también evidenció una caída en la evaluación presidencial: Kast obtuvo un 26% de aprobación, tres puntos menos que en la medición anterior, mientras que su desaprobación alcanzó el 65%.
Según el estudio, el respaldo al mandatario acumuló una disminución de siete puntos desde el inicio de la controversia por el denominado caso Rabat. Además, la aprobación promedio durante octubre llegó al 30%, cinco puntos menos que el período anterior.
La evaluación del ministro de Justicia, Fernando Rabat, también refleja el impacto de la controversia. En una medición especial de Cadem, publicada el 27 de octubre, solo un 12% aprobó su gestión frente a un 77% que la desaprobó. Asimismo, un 64% manifestó estar en desacuerdo con la decisión presidencial de mantenerlo en el cargo.
EL CASO RABAT Y LAS REBAJAS DE CONDENAS
El origen de la actual crisis se encuentra en la controversia por los decretos de rebaja de condenas firmados durante la gestión del ministro Fernando Rabat. La polémica adquirió mayor dimensión luego de conocerse que se habían concedido beneficios a 56 personas condenadas por delitos sexuales contra menores de edad, entre otros casos que generaron cuestionamientos políticos y públicos.
La decisión provocó críticas desde distintos sectores, especialmente por las consecuencias de beneficiar a personas condenadas por delitos de especial gravedad. Las explicaciones entregadas por el Ejecutivo no lograron contener el cuestionamiento y la permanencia de Rabat en el Ministerio de Justicia terminó convirtiéndose en uno de los principales focos de conflicto.
Desde la oposición se anunció la preparación de una acusación constitucional contra el secretario de Estado. Sin embargo, su presentación ha enfrentado dificultades por la falta de definiciones y la necesidad de reunir los antecedentes y respaldos parlamentarios necesarios para impulsar el proceso.
El escenario también ha generado incomodidad entre los propios aliados del Gobierno, que deben decidir si respaldan al ministro o se distancian de una decisión que ha comenzado a afectar la imagen de toda la administración.
LAS PRESIONES DESDE EL OFICIALISMO Y EL SEGUNDO PISO
La crisis dejó de concentrarse exclusivamente en la figura del ministro de Justicia. Durante los últimos días, las críticas comenzaron a dirigirse también hacia el funcionamiento del equipo político de La Moneda, particularmente al denominado Segundo Piso, encabezado por Alejandro Irarrázaval.
Renovación Nacional manifestó públicamente sus reparos frente a la manera en que el Gobierno ha enfrentado la controversia y cuestionó la conducción política de la situación. Sus planteamientos encontraron respaldo en otros sectores de Chile Vamos.
Desde Evópoli, su presidente, Luciano Cruz-Coke, planteó la necesidad de incorporar una mayor capacidad de negociación política a la administración. En tanto, el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, manifestó coincidencias con los cuestionamientos formulados por RN.
Las críticas apuntan a que el Ejecutivo necesita fortalecer sus relaciones con los partidos que respaldan al mandatario y contar con figuras que tengan mayor experiencia política y capacidad de diálogo con el Congreso.
En ese contexto, el debate sobre un eventual cambio de gabinete comenzó a adquirir mayor relevancia. Entre las alternativas que se han instalado están la salida de Rabat, una modificación más amplia del equipo ministerial o una reestructuración que también involucre a los asesores presidenciales.
Sin embargo, Kast ha mantenido una postura contraria a estas exigencias. Durante su gira por Europa descartó realizar modificaciones y defendió su atribución para decidir quiénes continúan formando parte de su administración.
El vocero de Gobierno, Gonzalo Arenas, reforzó esa posición el viernes 6 de noviembre, asegurando que todos los ministros cuentan con el respaldo presidencial y que no existe un cambio de gabinete en evaluación.
UN CAMBIO DE GABINETE, ¿ES SUFICIENTE PARA REVERTIR LA CRISIS?
Más allá de las eventuales modificaciones ministeriales, el problema que enfrenta Kast parece tener una dimensión mayor. La caída en las encuestas, las diferencias entre los partidos oficialistas y las dificultades para responder a los cuestionamientos han abierto un debate sobre la capacidad del Gobierno para recuperar la confianza ciudadana.
De esta manera, la discusión sobre el gabinete deja al descubierto un problema que trasciende los nombres de los ministros. El Gobierno necesita recomponer sus relaciones con los partidos que lo respaldan, mejorar su capacidad de negociación y responder a una ciudadanía que, según las últimas mediciones, evalúa cada vez más negativamente su gestión.
UN ESCENARIO ABIERTO PARA LA MONEDA
La situación representa una prueba política importante para el Presidente Kast. Su decisión de mantener a Fernando Rabat y cerrar la puerta a una reestructuración ministerial ha tensionado la relación con sectores que forman parte de su propia base de apoyo.
Por ahora, el mandatario parece apostar por mantener la continuidad de su equipo y evitar que las presiones de los partidos determinen las decisiones presidenciales. Sin embargo, esa estrategia también implica asumir el costo político de las controversias que afectan a sus ministros y asesores.
Con una aprobación de apenas un 24% en Criteria y una desaprobación que alcanza el 67%, el Ejecutivo enfrenta el desafío de recuperar terreno en un escenario donde las críticas ya no se limitan a la oposición.
La pregunta que comienza a instalarse en el debate político es si Kast logrará superar esta crisis sin modificar su equipo de Gobierno o si las presiones del oficialismo terminarán obligándolo a realizar cambios en La Moneda. Por ahora, el cambio de gabinete sigue descartado oficialmente, pero el desgaste político continúa creciendo.







